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Ley de Carrera Docente consigna la no obligatoriedad de participar en procesos de desarrollo profesional dirigidos a educadores, lo que es una debilidad para la definición de una política en este sentido

Trabas en educación

El hecho de que aún esté sin definir en el país una política de desarrollo profesional docente, es una grave situación que enfrenta Costa Rica para poder avanzar y que debe ser resuelta.
El dato se desprende del informe Estado de la Educación, del programa Estado de la Nación, en donde se señala incluso que la Ley de Carrera Docente consigna la no obligatoriedad de participar en procesos de desarrollo profesional dirigidos a los educadores, situación que constituye una debilidad para la definición de una política en este sentido.
Si bien se ha transformado el antiguo Cenadi en un Instituto de Desarrollo Profesional (IDP) en busca de solventar en el mediano plazo el vacío existente, paralelamente se debería estar modificando la actual legislación, a fin de que la creación del Instituto pudiera constituirse en una verdadera herramienta para el progreso de la educación.
Si bien el diseño de un modelo de desarrollo profesional por parte del IDP significa atender diferentes retos, es importante llevar a cabo desde ahora aquellos que no son del manejo directo del Ministerio de Educación sino que requieren de la intervención o aprobación de otras instituciones o de la propia Asamblea Legislativa, como en el caso de la mencionada Ley de Carrera Docente.
Lo preocupante es que estos procesos se lleven a cabo con la lentitud que caracteriza a Costa Rica, porque los avances de todo tipo en el mundo no marchan a ese lento ritmo, sino todo lo contrario, con una vertiginosidad sorprendente y en medio de profundos cambios que afectan a los procesos productivos y por ello a las condiciones del empleo y a los nuevos requerimientos en materia educativa.
Decíamos en enero de este año, en este mismo espacio, que los países desarrollados se esforzaban por descubrir el nuevo sistema educativo que habrá de formar a los trabajadores del siglo XXI y que, aunque aún esa fórmula en aquel momento no estaba totalmente definida, había certeza de la urgencia de poner a los jóvenes en condiciones de abordar el nuevo mundo que se gesta por impulsos de la ciencia, la tecnología y la inventiva.
Hoy las formas de enseñar-aprender deben ser diferentes porque los estudiantes de ahora lo son, así como lo es su entorno. Incluso ellos deberán desempeñarse en algunos casos en carreras aún no inventadas.
Ante todo este panorama, Costa Rica se encuentra aún amarrada por sus propias leyes para poder dar el salto cualitativo que deberá acompañar al cuantitativo.
Esto no es justo para nuestros estudiantes pero tampoco lo es para los educadores que deberían poder entrar, con entusiasmo e ilusión, a procesos que los colocarán en mejores condiciones de accionar en las nuevas condiciones del mundo.


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