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Antes de saborear las mieles de los partidos ganados por la Selección, ya Solís había dado muestras de un estilo presidencial distinto. Pero lo que debería preocuparnos no es tanto eso, sino los serios problemas que su Gobierno se ha encontrado en las instituciones y qué podrá hacer para mejorarlos


Solís y la Sele

Empresas, organizaciones y en general todos los costarricenses quieren hoy estar muy cerca de la Sele. No hay duda de cómo han latido de fuerte los corazones en cada partido y después de él, celebrando.
Pero una pregunta flota en el aire y suscita opiniones encontradas. ¿Celebra también el presidente Luis Guillermo Solís? …¿De qué modo debe hacerlo?
Algunos piensan que su forma de celebrar ha sido un acierto destinado a captar mayor popularidad al asociar el triunfo de la Selección de Fútbol con la acción de Gobierno.
Otros en cambio critican negativamente la actitud alegando que su investidura le obliga a guardar mayor gravedad y seriedad en todo momento.
Pero en realidad no debería extrañar la forma en que Solís celebra los triunfos en el Mundial.
Si él fuera una persona distanciada en general de la gente del pueblo, con un estilo y una forma de gobernar muy protocolar y guardando siempre las reglas tradicionales, sin duda habría resultado extraño que de pronto se fuera a celebrar a la calle con los costarricenses y con la camiseta de la Sele puesta.
Pero si lo analizamos, durante la campaña política, después de quedar electo e incluso luego de su toma de posesión, la forma de actuar del Presidente ha sido siempre así, cercana a la gente.
Antes de que empezáramos a saborear las mieles de los partidos ganados por la Selección, ya Solís había dado muestras de un estilo presidencial distinto.
Y no nos referimos al cambio político anunciado, apenas hoy en una primera fase de reconocimiento del estado en que recibe el país y de la necesidad de limpiar, al menos un poco la casa, sino a las actitudes del día a día del Presidente.
Su anuncio de que seguiría viviendo en la misma casa, su saludo y abrazo con mucha gente el día que se dirigía hacia la ceremonia de la toma de posesión, su paseo por el barrio de la Casa Presidencial, en Zapote, conociendo y presentándose a los vecinos, y en general una actitud de mucha cercanía sin protocolo con la población, se iniciaron mucho antes de que empezaran a brillar en nuestro firmamento los éxitos de la Selección Nacional de Fútbol.
Sin embargo, no cabe duda de que todos tenemos el derecho de aprobar o reprobar esa forma de ser.
Lo que nos mueve hoy a tocar el tema no es eso, sino la necesidad que tiene el país de centrarse en analizar lo que va encontrando el nuevo Gobierno en su andar por el interior de las instituciones del Gobierno central y del Estado, los numerosos y —eso sí— serios problemas arrastrados durante años de deficiente administración y el enorme reto que significa el intentar mejorarlos al menos.
Este accionar es más importante y debería preocuparnos más que las formas de celebrar.

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