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Miércoles, 12 de diciembre de 2018



EDITORIAL


Riesgo energético

| Martes 27 enero, 2009



Riesgo energético


El riesgo de que se produzca una escasez de electricidad este verano se cierne nuevamente sobre el país como un péndulo maligno que regresa a amenazarnos luego de un corto periodo de estabilidad energética.
Las razones de que el país esté utilizando prácticamente el 100% de su capacidad instalada para la generación eléctrica y de que no existan fuentes de reserva o de contingencia, y mucho menos para abastecer el crecimiento de la demanda, de sobra son conocidas. La falta de inversiones y las decisiones políticas de administraciones anteriores nos están pasando la factura.
El momento de utilizar el dedo acusador ya pasó. Ahora debemos plantearnos con urgencia nuevas medidas que permitan hacer frente al problema con rapidez.
La decisión adoptada por las autoridades actuales de restablecer el plan de inversiones eléctricas es buena, pero no debemos olvidar que se trata de soluciones a mediano y largo plazo.
Mientras tanto, deben tomarse otro tipo de medidas contingentes que eviten una nueva parálisis del país a causa de apagones.
Por ejemplo, los diputados deberían estarse planteando eventuales reformas a las leyes que regulan la venta de electricidad al Estado por parte de generadores privados.
Resulta ilógico que en momentos de crisis energética, muchas de estas empresas tengan capacidad de generar más y colaborar de esta forma con el país, pero no puedan hacerlo por tecnicismos legales. Un cambio en este sentido, pero con una adecuada regulación tarifaria para evitar una eventual especulación, debería ser tomada en cuenta.
Ante una nueva posible emergencia energética, el Estado debería estar en capacidad de echar mano a cuantas fuentes de generación le sean posibles. Se debe garantizar el bienestar común y ante esto no debería existir impedimento legal que valga.
Esta es tan solo una idea dentro de muchas que podrían manejarse y estudiarse, pero que hasta ahora han sido dejadas de lado ya sea por decisiones políticas o por simple desinterés.
Como afirma el viejo dicho popular: que cada palo aguante su vela. Es momento de que cada uno asuma la responsabilidad que le corresponde desde su óptica de trabajo, antes de que sea demasiado tarde.