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Viernes, 6 de diciembre de 2019



COLUMNISTAS


¿Puede la Iglesia participar en la Política?

Vladimir de la Cruz [email protected] | Miércoles 20 noviembre, 2019


Pizarrón


A propósito de la discusión de si la Iglesia puede participar en Política, la Iglesia católica costarricense ha señalado que forma parte de la identidad nacional prácticamente desde que llegaron los españoles. Esto es cierto. No solo formaron parte de la empresa conquistadora sino que fueron la razón moral de esa conquista y del proceso colonizador.

En la expansión territorial europea de los siglos XV y XVI justificaron esa expansión, como parte de los Estados reinantes a los que pertenecían, más cuando el Estado monárquico español era católico, como lo fue el portugués. Y justificaron con todos sus valores religiosos esa expansión, también era la expansión del cristianismo y el catolicismo cuando había ya una fuerte pugna de religiones, que se disputaban territorios, fieles y “almas”.

La Iglesia católica, que llegó con los españoles, fue parte de todo el aparato estatal, conquistador, colonizador, opresor, que se impuso sobre las comunidades originales, autóctonas, indígenas americanas.

La violencia religiosa fue el rasgo de ese proceso, que iba junto con la violencia política, económica, militar, social, jurídica que iban imponiendo los españoles, los europeos, los conquistadores.

La violencia religiosa fue tan brutal como las otras. Fue la destrucción de los templos indígenas, fue el aniquilamiento de los sacerdotes, sukias, chamanes y otros líderes religiosos indígenas, e imponerles a las comunidades indígenas los sacerdotes, los nuevos templos católicos, que se construían, las más de las veces, sobre los templos indígenas destruidos, como se constata en todas las ciudades del continente donde esta presencia católica fue fuerte y determinante, sobre todo donde había mucha población autóctona.

La liquidación de la mano de los indígenas fue un grave problema para la economía que se imponía, porque el trabajo agrícola exige mucha mano de obra y la explotación de actividades mineras, que también se dio, exigió igualmente contingentes humanos grandes, y desplazamientos de indígenas hacia las zonas productoras, como sacaron indígenas de Costa Rica para llevárselos a Suramérica.

La catástrofe demográfica que iba sucediéndose obligó a proteger la mano de obra indígena, y a introducir, luego, mano de obra esclava negra. La Iglesia aquí jugó su papel. La defensa que hiciera de los indígenas estuvo relacionada con la defensa de la mano de obra y la expansión del cristianismo como religión. Reconocer a los indígenas como personas, como seres humanos, reconociéndoles el alma, bautizándoles, evangelizándoles, fue parte de este proceso. A su condición infame de trabajo le ofrecían el cielo en la muerte, resignándose a su condición y a la aceptación de la dominación y explotación a que eran sometidos. Así empezó a desarrollarse la Iglesia católica en el continente.

Al finalizar la colonia, en el siglo XVIII, los criollos enfrentados a los intereses coloniales, que impulsaron los movimientos independentistas, incorporando otras capas de la población, provocaron que en el interior de la Iglesia católica colonial, sacerdotes se incorporaran a la lucha de la Independencia, defendiendo al mismo tiempo a la Iglesia misma, el cristianismo y el catolicismo como parte de esas banderas que quedaron izadas la momento de sobrevenir la Independencia.

Sacerdotes jugaron un papel muy importante en México, pero también se incorporaron a la lucha independentista en Venezuela, en Uruguay, en Perú, entre otros países, y en cierta manera en Costa Rica.

En Costa Rica baste decir que al constituirse las primeras Juntas de Gobierno, desde la Primera Junta de Legados, en noviembre de 1821, y las dos Juntas Superiores Gubernativas, que le siguieron desde 1822 hasta 1823, allí estuvieron sacerdotes, incluso presidiendo las Juntas, que fueron las primeras formas de gobierno nacional que tuvimos luego de declarada la Independencia el 29 de octubre de 1821 en Cartago. Obviamente eran sacerdotes que apoyaban la Independencia de España.

Con la constitución del Estado de Costa Rica, bajo la influencia de la República Federal Centroamericana, los sacerdotes dejaron de formar parte de los órganos de gobierno ejecutivo.

Bajo el Gobierno de Juan Rafael Mora Porras se estableció el Concordato con el Vaticano, se creó el Obispado nacional y desde entonces se desarrolla con fuerza la Iglesia Católica Costarricense.

Durante la Campaña Nacional contra los filibusteros norteamericanos la Iglesia jugó un papel importante sumándose al llamado del Presidente Mora, para ir a combatir a los filibusteros. Para la Iglesia fue en cierta forma una “cruzada”, ir “luchar contra el bárbaro protestante” que amenazaba llegar e imponerse. El sacerdote Francisco Calvo, Capellán del Ejército Nacional, junto con un grupo pequeño de sacerdotes, se incorporó a la Guerra Nacional Libertadora de la presencia filibustera en Costa Rica y en Centroamérica.

El Padre Calvo se distinguió además en esa segunda mitad del siglo XIX impulsando la Masonería nacional, que funda en 1865, impulsando la ideas liberales y apoyando al grupo de Presidentes liberales que especialmente gobiernan Costa Rica desde 1865 hasta 1890, José María Castro Madriz, Tomás Guardia, Próspero Fernández, Bernardo Soto, entre otros personajes importantes del mundo político y liberal nacional. No casualmente influye para el nombramiento del Obispo Bernardo Augusto Thiel, que incorpora a la Logia Masónica. También el Padre Calvo contribuye a impulsar organizaciones de trabajadores, artesanos y obreros, con sentido clasista en 1874, antecedentes de los sindicatos modernos, que empiezan a surgir en Costa Rica a partir de 1901.

Con el Obispo Thiel se divulga en su Carta Pastoral No. 30, la Encíclica Rerum Novarum, dando origen a las posturas socialcristianas que desde ese documento papal se impulsan por parte de la Iglesia Cátólica, a través de algunos de sus Papas.

A finales del siglo XIX en oposición al movimiento liberal, que tuvo una serie de medidas anticlericales, se organizaron los católicos, con partido político propio, La Unión Católica, y que por su auge agitado desde los púlpitos, el Estado y el Gobierno pasó a prohibir, en 1898, que se organizaran partidos políticos que usaran la religión y los sentimientos religiosos en actividades y procesos políticos electorales.

En ese final de siglo y principios del siglo XX se impulsó un periódico de agitación política, por católicos, donde estaba Jorge Volio Jiménez, “La Justicia Socia”. Ya existía el “Mensajero del Clero”, desde donde la Iglesia realizaba sus debates contra el liberalismo y la masonería.

En 1923 el sacerdote Jorge Volio Jiménez impulsa el Partido Reformista, que agitaba temas sociales. Este Partido se ha tomado como referente histórico, como raíz, principalmente del partido Liberación Nacional y de los movimientos socialcristianos constituidos antes de la Unidad Social Cristiana, en 1983, que se ven en él.

Hay quienes hasta han tratado de verlo como un antecedente del Partido Comunista, que surgió enfrentándolo y denunciándolo como un fraude ante la clase trabajadora, ya en 1931.

La Encíclica Quadragessimo Anno en 1933 replanteó los problemas y compromisos sociales de la Iglesia en el mundo, ahora, 1933, con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, con un gran avance del socialismo en Europa y el mundo, situación inexistente en 1893.

Sin embargo la Iglesia se debatía ondulantemente, por épocas, entre progresismo social y conservadurismo social. Así por ejemplo, Monseñor Víctor Manuel Sanabria fue un gran conservador y anticomunista declarado entre 1938 y 1942, y fue un aliado de los comunistas, desde el Pacto con el Gobierno del Calderón Guardia, a partir de 1943, prácticamente hasta su muerte en 1952.

En la década del 1960 con el II Concilio y con la conferencia de Medellín, especialmente, se impulsaron en el seno de la Iglesia Católica grupos internos que se abrieron a las luchas sociales, políticas y hasta guerrilleras, en Suramérica y en Centroamérica, que surgieron en esos años, y de sacerdotes y Obispos y Arzobispos enfrentados a las dictaduras y gobiernos militares, algunos ofrendando su vida en esas luchas, como, entre otros, Camilo Torres, en Colombia, los hermanos Cardenal, en Nicaragua, Monseñor Romero en El Salvador, los Jesuitas con Ellacuría al frente en El Salvador, Gaspar García y otros.

Esto hizo que frente a la Iglesia, según el momento histórico y sus pronunciamientos oficiales, como el compromiso coyuntural de sus sacerdotes, hiciera que se le abrieran espacios en las luchas sociales y en las luchas políticas. Así por ejemplo los Obispos Román Arrieta Villalobos y Hugo Barrantes Ureña, antes de ser Arzobispos, desde sus Diócesis jugaran papeles importantes defendiendo campesinos o pescadores y sus luchas y reivindicaciones, o el Obispo Angel San Casimiro Fernández, apoyando algunas luchas sociales. El resto de los Obispos han sido opacos en este sentido.

En el caso de estos Arzobispos los movimientos sociales, y sindicatos, los tuvieron como referentes aliados, y como socios en algunas luchas, y como apoyos morales para otras.

Desde 1978 la discusión de los temas públicos y políticos se abrió a la discusión. Jugó un papel muy importante en aquel momento el Sindicato de la Empresa Privada, que tenía un fuerte enfrentamiento con el gobierno de Carazo. Que se resolvió finalmente con que los temas políticos y de gobiernos estaban abiertos a la discusión de todos los sectores políticos, sociales organizados.

De esta manera que la agenda nacional y de gobierno está abierta para la discusión de todos los sectores políticos, sindicales y sociales, entre ellos la Iglesia Católica, y las Iglesias históricas, que a veces hacen sus pronunciamientos frente a temas de su respectivo interés.

La Iglesia Católica puede participar del debate nacional, con sus tesis, con sus defensas y críticas. Esto no se puede negar. Su participación en ese sentido la abre también para que a la Iglesia Católica se le critique y se le investigue, como puede investigarse y criticarse a cualquiera de los actores de la escena nacional.

Sigue pesando en la legislación nacional la prohibición de que con motivos religiosos se atice el ambiente político electoral. Esto es una limitación más que centenaria. La Iglesia católica, pero también todas las demás iglesias y grupos religiosos organizados no pueden participar electoralmente con motivos religiosos, con propaganda religiosa, haciendo de sus posturas y planteamientos religiosos tribunas de agitación y movilización religiosa.

Lamentablemente, desde que se aceptó electoralmente, partidos que en sus nombres incluían valores de orientación religiosa, abrieron el portillo para que se filtrara al escenario político la agenda religiosa de muchos grupos, ya no solo católicos.

Así como no se permitía el nombre de Partido Comunista para participar en elecciones, a partir de 1948, y reforzada esa decisión en la década del 80 cuando se dividió el Partido Vanguardia Popular, se debió prohibir, como se hizo con la Unión Católica en su momento. la denominación Demócrata Cristiana, Alianza Nacional Cristiana, Unidad Social Cristiana y las otras formas que fueron desarrollándose. Hoy las corrientes neopentecostales, como caballos de Troya, se meten en la lucha política con partidos que en sus nombres no tienen el adjetivo “cristiano”.

Pero, también hay que reconocer que el liberalismo clásico nacional fue superado y hay fuertes corrientes conservadoras nacionales, filtradas a todos los ordenes organizativos y políticamente partidarios del país, que les benefician estos ropajes “cristianos”, o “socialcristianos”, o “en nombre del cristianismo” y “sus valores”.

La izquierda y los sectores progresistas ente ello se encuentran como en un zapato chino, aceptar esa participación o rechazarla, lo que resulta del compromiso que tienen muchos cristianos y sus líderes religiosos con las diferentes luchas sociales.

Esto es como un perro mordiéndose la cola.

Si la Iglesia y las “iglesias “ se meten en la lucha política asumen la responsabilidad de sus actuaciones, de las críticas que también se les puedan producir y de las obligaciones que tienen ante el Estado y la Sociedad que se las puedan exigir.

La Política, como escenario de todos los actores sociales y políticos existentes, discutiendo sobre el Gobierno, su Agenda, sobre la organización de la sociedad, y sobre su necesaria participación para aspirar a Gobernar y dirigir los destinos de la comunidad nacional, que nos afectan a todos, es sin lugar a dudas tema de todos.

Si la Iglesia y las iglesias se meten en política lo hacen como todos los actores involucrados. Aceptemos esta realidad en la discusión nacional.

Si queremos que no se metan esa es una lucha que hay que dar, pero no es nada fácil en el momento actual.







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