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¿Protegidos ante la tormenta?

Una recesión en Estados Unidos hará que México, los textileros, madereros y salmoneros latinoamericanos sufran

Rodrigo Lara Serrano
América Economía

Una cifra como 474 mil personas pueden ser una cantidad inmensa. O mínima. De hecho, “éstas” 474 mil no parecen ser demasiadas. Corresponden a la cantidad de trabajadores que se quedaron sin empleo en Estados Unidos en diciembre pasado.
En una sociedad de más de 300 millones de consumidores, el impacto de medio millón que, de un mes para otro, se vuelven obligatoriamente más ascetas (menos del 0,3%) podría considerarse casi nulo. Pero, así como ver un tiburó
n a cinco centímetros en un sea acuarium es una diversión relajante y divisar a ese mismo predador a cinco metros en una playa, una pesadilla; la destrucción de puestos de trabajo, justo en medio de la peor crisis bancaria estadounidense posterior a la Segunda Guerra Mundial, parece crear olas de pánico entre los que sí tienen trabajo. Su efecto directo: bajar los gastos.
El descenso creciente de las remesas de dinero que los inmigrantes latinos están enviando a sus países, en especial a México, es señal de esta realidad. Que se agudizará si se confirma la recesión tan temida.
Una realidad que el secretario de Hacienda azteca, Agustín Carstens, intenta moderar, pese a que más del 80% de sus exportaciones van a ese país: “México y Estados Unidos están muy integrados. Es posible que si la desaceler
ación en Estados Unidos se concreta, eso afecte a México. Pero no pienso que sea de manera importante”, dijo en Davos, Suiza. No obstante, la Tesorería mexicana rebajó su proyección de crecimiento para el país de 3,7% a sólo 2,8% –una caída de 24% en la proyección.
Más allá de México, la crisis estadounidense ha abierto una discusión si Latinoamérica es hoy menos dependiente de sus exportaciones a ese mercado (por efecto del “desacople” de China e India), razón por la cual los efectos de “un aterrizaje suave” o una recesión serán menores a los de otras oportunidades.
Es lo que cree Ricardo Amorím, economista jefe para América Latina de BNP Paribas. Entre otras razones, dice, porque “en este momento es más importante la demanda de Asia por commodities de América Latina que los efectos de la desaceleración de Estados Unidos”. Debido a ello, pronostica, importa más cuánto caiga el crecimiento chino por efecto de lo que ocurre en Estados Unidos, porque influirá en la demanda de China por productos latinoamericanos.
En Buenos Aires, la economista Victoria Giarrizo, directora del CERX, estima que ese efecto podría ser despreciable. Al menos en el caso de Argentina. “China va a seguir comprando. Lo que adquiere acá son productos básicos que no dependen de mantener su auge al máximo. Ni siquiera es carne, es soja, granos”.
Al otro lado de los Andes, Tomás Flores, director de estudios de Libertad y Desarrollo reconoce que el debilitamiento del mercado inmobiliario tendrá efectos en las empresa que abastecen al sector de la construcción en Estados Unidos, como son las compañías madereras: “En especial en aquellas que proveen insumos para la construcción, como tableros y molduras de puertas y ventanas”, dice.
La forestal Arauco ha sido una de las grandes golpeadas. Roberto Angelini, presidente de las Empresas Copec (dueña de la forestal) ha mostrado su preocupación. “Una empresa del grupo [Arauco] ha sufrido en su comercialización de productos, especialmente de madera en Estados Unidos como resultado de esta crisis”, dijo.
En Perú no es la madera, si
no los textiles (además de joyería, espárragos y otros alimentos) los productos en la línea de fuego. La crisis “afectará a los que comercian directamente con Estados Unidos como nuestra industria textil y de confecciones. Y las agroexportaciones, sectores sensibles porque son intensivos en mano de obra”, expone Juan Manuel Benites, jefe del Centro de Investigación Empresarial de la Cámara de Comercio de Lima. De todas formas, “si no hay una crisis profunda, no es para preocuparse tanto.”.
La situación de los “textileros” no es sencilla, porque las ventas ya venían en baja, detalla Martín Reaño, gerente del Comité Textil de la Sociedad Nacional de Industrias de Perú. “Ya el año 2007 se exportó en volumen 11% menos que en 2006 y en valor, eso ha significado 3,5% menos. Esto se explica por otros factores como la competencia de china, pero también muestra lo sensible del sector”.
Centroamérica, por su parte, se verá afectada por la caída en ventas de textiles y agroalimentos no básicos (frutas tropicales, delikatessen). El caso de Panamá es especial. Habrá que ver cuánto resiste su boom inmobiliario (fogoneado por inversiones externas y compradores también externos) a un período de contracción crediticia. Aunque cabe esperar que la expansión del Canal moderará la brusquedad del descenso.
Será la cantidad y tipo de las exportaciones de cada país a Estados Unidos lo que definirá el impacto en cada uno de ellos.


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