Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 30 Marzo, 2012


Protagonismo de la violencia

Aunque, no es la primera vez y me temo que no sea la última, con estupor constato que el principal protagonista de la escena en la política mundial y local, sigue siendo la VIOLENCIA; la que los humanos producen los unos contra los otros y la que provocan contra la naturaleza causando los cambios climáticos que están en los orígenes de tantas catástrofes en todo el planeta.
La razón de esta violencia está en que la Cultura Occidental, convertida ahora en planetaria, ha logrado crear los mayores avances científico-técnicos que conoce la historia, pero no así en la conciencia ética que debe ir acompañada a este logro a fin de que no se le vuelva en su contra.
Se le ha olvidado a este aprendiz de brujo que es el hombre moderno, que todo conocimiento científico y el desarrollo tecnológico que de ahí se desprende, engendra un descomunal poder. Lo cual sitúa los avances de la racionalidad científica en el ámbito de los valores, cuyo cultivo depende del albedrío de quienes la manejan.
Esto nos sitúa en el ámbito de lo político. Hoy el poder económico, al igual que el político, depende del dominio del desarrollo científico-técnico. Más aún, es la supervivencia de la especie humana misma la que pende y depende de dicho desarrollo y del uso que del mismo hagan quienes los controlan y usufructúan. Por eso, para todos los pueblos, pero especialmente para los pequeños y en vías de desarrollo, debe ser prioridad la educación en todos los niveles.
En concreto, la investigación científica desinteresada y al servicio del bien común, debe constituirse en política de Estado. La extensión de la educación superior en todo el territorio nacional y accesible a todos los sectores de la población, debe ser meta que a todos nos una.
Pero la generalización de la violencia nos recuerda que de nada sirve el desarrollo material si no va acompañado del cultivo de los valores.
Los crímenes que a diario llenan los espacios mediáticos, como las masacres perpetradas recientemente en Noruega y Francia, al igual que el creciente poderío económico y político del narcotráfico en la región, nos deben hacer tomar conciencia de las dramáticas falencias de nuestra realidad socio-cultural.
Nos preocupamos del crecimiento económico, pero no de la dignidad humana. El crecimiento material basado en el avance autóctono de la ciencia y la tecnología solo tiene sentido si se acompaña con un empeño igual en el cultivo de la sensibilidad en el ámbito axiológico.
Hoy los delincuentes en la sociedad civil son tan poderosos como los grupos de poder igualmente criminales, que operan desde los gobiernos y organizaciones financieras.
La amenaza viene de todos lados. Porque la violencia solo tiene un causante: el propio ser humano. Por eso, junto al homenaje conmovido que debemos rendir a las víctimas inocentes de la violencia ciega y fanática, debemos igualmente reflexionar sobre la culpa que deben asumir quienes inundan el mundo de armas.
Las cinco potencias que ocupan un lugar permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, son al mismo tiempo los mayores productores de armas en el mundo. Gigantes en poder, enanos en valores.

Arnoldo Mora