Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 11 Septiembre, 2009


Políticos contra Dios


La creencia en Dios es independiente de cualquier cosa que los científicos puedan descubrir, a lo cual agregaría, o que los políticos puedan inventar

A pesar de la gran cantidad de temas urgentes para el país, inseguridad, violencia, corrupción, falta de infraestructura, ingobernabilidad, a algunos diputados les sobra el tiempo para ponerse a pensar y entrar en discusiones estériles, fuera de todo contexto, como el papel de Dios en nuestra Constitución Política.
Estos diputados-filósofos, cuyo salario es pagado por los costarricenses trabajadores, quieren ingresar a la historia de la humanidad entre los pensadores que han tratado de demostrar si la existencia de Dios es relevante para el hombre.
Sin dudas esta actitud es sorprendente. Por estar especulando sobre cuántos ángeles caben en la punta de un alfiler, nuestros legisladores de manera despistada aprueban “en primer debate” el perdón de miles de millones de colones a pequeños agricultores, entre los cuales iban infiltrados grandes empresarios y políticos.
¿Será que intentan desviar la atención de los verdaderos problemas de este país?
Ya que algunos de ellos y ellas han emprendido la ardua tarea de intentar descubrir el agua tibia, sería importante hacerles algunas contribuciones para que puedan afinar su sofisticada comprensión cosmogónica y teológica sobre el ser humano.
Antes de entrar en esa materia, evadiremos el hecho de que Costa Rica fue fundada a partir de la conquista de los Reyes Católicos de España y por esta razón es nuestra religión oficial. Modificar la Constitución en este sentido sería eliminar su esencia y espíritu de ley. Siendo al menos un 91% (CID-Gallup, agosto 2009) de los costarricenses creyentes en Jesucristo, es decir Dios, pretender eliminarlo de la Carta Magna no solo sería antidemocrático sino estúpido. Me encantaría saber qué dirá la Sala IV.
Haciendo eco de Emmanuel Kant, la creencia en Dios es independiente de cualquier cosa que los científicos puedan descubrir, a lo cual agregaría, o que los políticos puedan inventar.
Más de dos siglos atrás, Kant demostró que la ciencia no puede jamás negar la existencia de Dios, y agregó que tampoco la podía probar.
Solo con una inteligencia y argumentos superiores a los de Kant, nuestros legisladores podrían demostrar la inexistencia de Dios, y así privar a sus compatriotas del reflejo que la Constitución recoge de su fe.


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