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Miércoles 2 Noviembre, 2016

Así, nuevamente, el poder se despilfarra y se desvirtúa, haciendo que el poder en sí mismo, sea paulatinamente del malo

Poder paupérrimo

George Miley
Exdirector Consejo de Sutel

Pues resulta y acontece que hoy, el poder viene envuelto en papel periódico y no de seda… Porque anda paupérrimo de adeptos, de cariño y de seguidores.
Pero bien, aquí comenzamos con el sermón de la disyuntiva entre lo bueno y lo correcto, en donde no se aplicaron bien en cuanto al poder. Y es que “el poder” se define como “dominio, imperio, facultad y jurisdicción que alguien tiene para mandar o ejecutar algo”.


Por un lado, vemos como un proceso electoral vecino se convierte en el circo del barrio al tener “elecciones libres” con muchos candidatos y partidos políticos, pero ninguno de la oposición, porque en apariencia del poder supremo, se decide unilateralmente reorganizar a la oposición.
Y así se logró que toda una fuerza electoral fuera invalidada. Por lo que la voz de una parte del pueblo y el sueño de cambio, se ve cercenado con la ejecución de algo, que no necesariamente era lo esperado.
En otros procesos similares más para el norte, nos encontramos a un proceso más chabacano que cualquier otro en sus 240 años de existencia. Por un lado, las conspiraciones globales de intromisión de otros países para hacer ganar a un candidato, o mejor dicho, que no gane el otro.
Pero del poder de una agencia de investigación salen las señales de humo más extrañas —un día hay humo negro y otro día “habemus papam”, porque lo que negro fue, de blanco se tiñe.
Y da rienda suelta para las interpretaciones, las elocuciones y las esperanzas de unos y de otros, que la contienda se convierta en un Cartago (y este no del nuestro, sino del Circo Romano —y que no se me confunda nadie al hablar de circo, con el de algún hermano mexicano).
Y es que ese abuso de poder, en un terrible estado anímico y mal ejercido, ha hecho más conjeturas, más ruido y más daño en una campaña electoral ya caliente de por sí sola.
¡Imagínese usted si aquí en Costa Rica nos pasara que el Director del OIJ le dijera al Congreso, que está investigando a algún expresidente que quisiera lanzarse a Presidente… Híjole! Ya quiero ver desde los memes más soeces hasta los discursos más melindres del Presidente, darían qué hablar del tema, sin pasar por alto los estudios, reuniones, marchas de todos (y ninguno) y finalmente los largos discursos legislativos al respecto. Y es que no es para menos.
El simple hecho de sugerir tal investigación en medio de un escenario electoral, es un acto político beligerante que puede canibalizar las elecciones de un país. Y mucho más cuando no hay acusación de por medio sino una mera búsqueda de verdades a medias y en donde no se tiene ni la claridad mínima del tema a buscar —todo esto a una semana de las elecciones. Y es así como una persona que concentra el poder (el que sea), en un país del norte que muchos buscan emular, mete las patas y termina haciendo que las vacas hagan de las suyas a la salida…
Y el que esté libre de pecado que tire algo, aunque sea un rodillazo, un zapatazo o un pitazo… Porque en lo que a fútbol vamos, donde el dominio (sinónimo de poder) reina en un banquillo y en el otro, con los abogados y todo de por medio, pero sobre todo con el gran arquitecto del universo futbolístico, el árbitro, ya no hay cara en qué persignarse.
Es que ya ni perdón de Dios se puede pedir con la vergüenza que es ver a estos apoderados del poder haciendo un uso iluso del mismo… Porque lo tienen, pero lo derrochan como si fueran decisiones triviales, como el respirar. (Que si a mí se me pasa un respiro, lo más que me pasa es que me agito). Pero acá, en nuestros 51.200 km², el pitar mal, y peor aún, en repetidas ocasiones a lo largo de varias temporadas, se convirtió en la lluvia de la tarde de cada invierno —sabemos que llega en cualquier momento— pero que llega, llega. Y así, nuevamente, el poder se despilfarra y se desvirtúa, haciendo que el poder en sí mismo, sea paulatinamente del malo.
Y si por la víspera se saca el día, ya ahora tenemos empoderados hasta nuestros dioses del Olimpo, que se ubican por allá cercano a la Santa Rita en pleno centro del universo costarricense. Porque resulta que ya algunas cuantas de estas lumbreras, ahora se rasgan las vestiduras con el tema de las pensiones. Cuando otros nos desgarramos el lomo para pagarles a ellos. Y es que el mensaje que “el salario debe ser así porque se han cuidado mucho de ser competitivos para no recibir dádivas” es ya el acabose del poder. Por un lado, es un deber el de ellos de no recibir dádivas. Es por otro lado, un deber nuestro, pagar por sus servicios.
No veo yo que se le ocurra a ninguna de las empresas de paquetes gringas (o de cualquier otra nacionalidad porque ahora hasta los buses transfronterizos dan el servicio al margen de la ley, pero con el poder sacro-santo de los autobuseros) que me cobren un adicional por una cuota de éxito por entregar unos documentos a tiempo en mi casa, por el simple hecho de que hay mucho maleante en la calle.
Es que, señores, para eso se paga ese servicio. Igualmente no veo yo a la señora que me vende el vigorón cobrando un plus porque tiene mucha experiencia en la calle haciendo un chicharroncito con yuca bien saludable y limpio, que esté libre de E. coli o de cualquier otro agente microbiano que quiera echar a perder un manjarcito. Es lo que esperaría yo del servicio. ¿O me equivoco? Y con el pasar del tiempo, espero que tanto los paquetes de documentos como el vigorón, sigan siendo igual de buenos.
Pero cuando me dicen que hay que aceptar lo inaceptable como algo permisible, solo porque quien lo dice es un oráculo del conocimiento, vertiente de luz o dios del Olimpo, entonces, creo que los mortales debemos preguntarnos si debemos tener más vacas sagradas, becerros de oro y culebras emplumadas a cargo de nuestro destino de las aplicaciones de los lineamientos legales del país.
Ya en muchas ocasiones estos seres divinos han sido causa de tortuguismo en la eficiencia procesal del país, han sido ejecutores de las más largas presas de expedientes y decisiones que ellos mismos saben que no se pueden cumplir, y han sido ahora protagonistas de la barbarie del ‘yo soy yo y mis circunstancias’. Y esto porque en Costa Rica definitivamente es cierto que somos TAN pura vidas, que unos somos más iguales que otros. Porque si quisiéramos considerar impugnar esto, es todo ese mismo aparato (que es más igual que los demás), quien debe resolverlo.
Y así las cosas, no andamos nada bien. Y como costarricenses, y servidores públicos, deben ellos buscar dignidad para sí mismos, no solo en lo económico, sino en lo que dicen y hacen.
Porque del verbo a la acción en esos menesteres de la función pública, pareciera que hay mucho que entrecortar. Y esto, porque el poder nuestro del ciudadano del día a día y de a pie, que les entregamos a los guías espirituales de la justicia divina de los poderes supremos, es ejecutado antojadizamente por ellos, para darnos las migas a los paupérrimos de nosotros.