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Tener un plan de sucesión en la cabeza de su empresa familiar es algo saludable para la supervivencia y eficiencia de las organizaciones.
En nuestro país, cerca de un 90% de las empresas son familiares, integradas incluso por cuatro generaciones que conforme pasan los años, están más cercanos a la sucesión del poder y manejo de la empresa.
La forma más consensuada de hacerlo es por medio de un Consejo Familiar, donde todos los interesados se reúnan y de esta forma puedan dar una dirección a su representante en la junta directiva de la empresa, que en muchas ocasiones es el presidente.
“Es un proceso, no se trata de solo pasar la batuta, se tiene que preparar a los sucesores, a la empresa, a la familia y al predecesor; sin dar a todos por aparte valores, no se está accionando la sucesión”, dijo Arlette Urrea, de la firma Moore Stephens, en una capacitación del Instituto de Gobierno Corporativo.
Hoy, por la esperanza de vida, este proceso se ha alargado, e incluso las empresas tienen que vivir en una convivencia intergeneracional que más que solo preparar la sucesión, hay que prepararse para estar varios miembros de la familia en puestos de trascendencia por un tiempo específico en la empresa, explicó la experta.
Tener un plan claro sobre quién debería ser el sucesor de esa cabeza administrativa y operativa, es algo que debe tenerse con bastante anticipación al retiro, en otras palabras, debe existir un plan de sucesión empresarial.
Con el plan, la persona que ya dentro de la familia se conoce como el sucesor en el poder, puede ir preparándose y entendiendo sobre el manejo de la empresa, esto para que cuando ocurra la transición no sea un golpe importante dentro de los planes de empresa y su funcionalidad.

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