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Paz elusiva

Líderes israelíes y árabes se encuentran negociando los términos de creación de un Estado Palestino

Jerusalén
EFE

El Estado de Israel cumple sesenta años con la asignatura pendiente de resolver el conflicto con la comunidad árabe y palestina, que se ha convertido en el más antiguo y el de mayor repercusión en el globo.
La inestabilidad política y militar surgida después de la creación en 1948 del Estado Judío en el antiguo protectorado británico de Palestina – aprobado por las Naciones Unidas tras el genocidio nazi en la Segunda G
uerra Mundial-, no ha tenido parangón en las últimas seis décadas.
Tras sobrevivir a media docena de guerras con ejércitos árabes y a dos Intifadas, pero sin haber logrado doblegar por completo al radicalismo palestino, Israel celebra el aniversario en medio de un nuevo intento de alcanzar un acuerdo que le garantice la paz.
Después también de un rosario de mediaciones fallidas y negociaciones inconclusas, el proceso de Annapolis se inició en la cumbre de diciembre en esa ciudad norteamericana con el objetivo de sentar las bases de un estado palestino junto al israelí.
El propósito no es otro que aplicar la decisión adoptada en 1947 por Naciones Unidas de dividir la antigua palestina en dos estados, lo que propició la proclamación del Estado Judío pero fue rechazado por el mundo árabe, que al año siguiente emprendió las hostilidades.
La Guerra de la Independencia que se desató el día de la proclamación de Israel, le enfrentó a Siria, Egipto, Líbano, Irak y Jordania, y fue la primera de las tres conflagraciones armadas que han sido decisivas en la historia del Estado Judío.
La victoria permitió al estado recién creado la conquista del territorio reconocido internacionalmente desde entonces como israelí.
El segundo punto de inflexión se produjo en 1967 con la “Guerra de los Seis Días”, que condujo a la ocupación por Israel de Gaza y Cisjordania, el Golán, granjas de Chebaa y el Sinaí.
Excepto esa península -devuelta a Egipto en 1982-, el Estado Judío sigue con el control del resto de esos territorios.

La guerra contra la guerrilla chií libanesa Hizbulá supuso en 2006 el tercer jalón bélico que ha marcado la senda del Estado Judío, que después de encadenar a lo largo de los lustros éxitos castrenses recibió hace dos años su primer varapalo militar.
Otra disyuntiva que enfrenta el Estado Judio es el debate entre el laicismo que predominaba en sus orígenes y el creciente integrismo religioso.
El Israel del siglo XXI ha cambiado mucho de aquel incipiente estado forjado por agricultores y pioneros en armas. Hoy dos claras fuerzas contrapuestas luchan por no verse despojados: seculares versus religiosos.
En ciudades como Jerusalén el aumento en las últimas décadas de la población religiosa es abrumadora, mientras que la mayoría de los jóvenes laicos abandonan la Ciudad Santa para radicarse en Tel Aviv u otras ciudades más modernas y cosmopolitas.
Pese a que la ortodoxia judía domina buena parte de la legislación civil, las recientes leyes que permiten la venta de productos con levadura durante la Pascua hebrea, o la adopción por parte de homosexuales, parecen abrir poco a
poco el camino a una sociedad que se dice mayoritariamente secular, moderna y liberal.
Desde su establecimiento en 1948, Israel fue concebido como un estado judío con ánimo de ser “una nación independiente, defensa y refugio del Judaísmo en todo el mundo”, manifestó recientemente el actual primer ministro israelí, Ehud Olmert.
Pese a que en este país residen minorías étnicas, nacionales y religiosas desligadas del judaísmo, la misma naturaleza del estado viene a cristalizar el concepto de “crisol de diásporas”, que inspiró el regreso de individuos y grupos judíos a la que consideran su patria ancestral después de 2 mil años de exilio.
El movimiento sionista,
fundado en el silo XIX, transformó ese concepto en un modo de vida, y el Estado de Israel lo tradujo en políticas, otorgándole la ciudadanía a todo judío que decidiera establecerse en el país según una ley de 1950.
Así, las primeras elecciones al Parlamento israelí (Kneset) de enero de 1949 propiciaron un “estatus quo”, que ha fijado el patrón de convivencia entre los sectores laicos y religiosos posteriores.
Pese a que durante los primeros años los ultra-ortodoxos se mostraban recelosos del Estado -pues consideraban que sólo con la llegada del Mesías habría una legítima soberanía judía en la bíblica Tierra de Israel-, en las últimas décadas cada vez muestran más interés en la política.
Es el caso del partido ortodoxo sefardí Shas, que forma parte de la actual coalición de gobierno, y que desde los años noventa ha experimentado un aumento de su representación parlamentaria.



Encapsulado

Israel comparte fronteras con Líbano, Siria, Jordania y Egipto, además de mantener vecindad con los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania.

Población: 6.997.000 habitantes (2005). Un millón son árabes israelíes.

Capital: Israel considera su capital a Jerusalén, con 567.100 ciudadanos, aunque esta no es reconocida por Naciones Unidas.

Religión: Judíos (81,85%); musulmanes (14,06%); cristianos (2,38 %) y los drusos y otras minorías (1,71 %).

Gobierno: La autoridad suprema en Israel reside en la Knesset (Asamblea), elegida por sufragio universal cada cuatro años. El presidente, jefe constitucional del Estado, es nombrado por la Knesset cada cinco años. Al frente del poder Ejecutivo está un primer ministro, cuya elección, desde 1996, se efectúa al mismo tiempo que se renueva el Parlamento, pero en una votación separada.

Jefe de Estado: Simon Peres desde el 13 de junio de 2007.

Jefe de Gobierno: Ehud Olmert, desde el 5 de mayo de 2006.

Partidos Políticos: Los principales son el Partido Laborista (socialdemócrata sionista) y el Likud (conservador nacionalista sionista).
Tras la crisis política surgida por la retirada israelí de Gaza, el 21 de noviembre de 2005, Ariel Sharon abandonó el Likud y creó un nuevo partido, Kadima (Adelante).

Ejército: Un total de 161.500 hombres. En caso de movilización, puede llegar al millón. El servicio militar es obligatorio para judíos y drusos (de ambos sexos y con excepción de los estudiantes rabínicos) y voluntario para cristianos, musulmanes y circasianos.

Economía: La moneda israelí es el shekel. El PIB es de $132.000 millones (2007), con un crecimiento del 5,1% en 2007.
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