Han vivido los costarricenses largos años de confrontación política. Hemos vivido los habitantes de esta república una conmoción social profunda por luchas de poder enconadas entre nuestros gobernantes y los partidos políticos que no le han sido afines. Con tristeza debo confesar que nunca en la larga historia nacional que me ha tocado vivir he sufrido una confrontación tan sin sentido como la que el país ha atravesado en estos pasados tres años. Con la motivación de altos ideales y mejores deseos se han debatido los propósitos de destruir la clase política tradicional para reemplazarla por algo mejor, aunque no sabe el país cuál propuesta o clase dirigente es esta, quienes la integran o qué valores y objetivos se proponen.
Los cambios en las sociedades no pueden ser bruscos ni producto más que de un acuerdo social, nunca de la imposición de los mismos por una de las partes. La armonía y la unidad no son solo frases románticas de un ensayo poético, son las poderosas bases que sostienen las construcciones sociales. De estas premisas se desprende el éxito y la estabilidad del futuro de una sociedad. La construcción de la unidad nacional, el desarrollo de las bases del consenso debido al entendimiento de las gentes, el destierro de la descalificación y la confrontación, la incesante búsqueda de la armonización de las diferentes tendencias y pensamientos en un país, no son tareas livianas ni ejercicios atribuibles a cualquiera, los son propias de un estadista y de su equipo patriótico de colaboradores cercanos. Este equipo no puede estar constituido sino por los mayores y mejores talentos de una sociedad.
En menos de un año Costa Rica celebrará comicios generales en los cuales los costarricenses electores escogeremos un presidente y dos vicepresidentes de entre las diferentes alternativas que los partidos políticos presenten al electorado. De igual manera los diputados deberán ser escogidos y electos. No es esta una tarea fácil, es una labor compleja. Primero deberán efectuarse las convenciones democráticas que designen a las papeletas presidenciales y también las de los diputados. Este ejercicio democrático es el de los diferentes ciudadanos agrupados en partidos. Esto corresponde a la evolución política del país ya que aún en los primeros años del siglo XX pequeños grupos de interés designaban a dedo dichas papeletas presidenciales y a los diputados. Más democracia corrige los problemas de la democracia. Más participación es la soldadura de cualquier grieta en el sistema político. Todos debemos estar alertas de no retroceder en la formación de listas de diputados por grupos mínimos que escogen a espalda del pueblo y ponen a votar a éste por los escogidos por estas argollas o élites económicas o políticas que ejercen un desmedido poder. El país debe de exigir democracia para la democracia y no escogencia a dedo para imponérsela a los votantes.
El ejercicio que el país nos exige es asegurar más democracia en la designación de los candidatos en esta primera etapa básica de nuestro sistema electoral. Elegir con nutrida participación y gran entusiasmo es la segunda y fundamental etapa democrática a la que deberemos abocar nuestras luces.
Adelante demócratas seamos vigilantes de la construcción de una democracia más participativa y transparente. Ni un paso atrás a vicios y prácticas del pasado, de los círculos estrechos de poder, de los círculos de mandamases que desean luego ponernos a votar por los que ellos decidieron que fueran los candidatos no nosotros los costarricenses.
Que la luz de la libertad, de la hermandad costarricense, del entendimiento, de la paz y la armonía nos conduzcan hacia un futuro prometedor.



























