Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 13 Septiembre, 2012


La prensa deportiva costarricense ha sido muy honesta con Jorge Luis Pinto, pero no ha tenido el técnico colombiano la misma reciprocidad.
Lo descuartizó después del primer juego frente a México y le reconoció su trabajo al terminar el segundo.

Esto ha sido muy sencillo de valorar porque se hizo demasiado evidente que el equipo que se presentó en el Estadio Azteca jugó muy distinto al que hizo acto de presencia en el Estadio Nacional.
Los colegas no guardaron elogios para la Tricolor, porque la vieron jugar bien al fútbol en este segundo compromiso, como no guardaron críticas y cuestionamientos tras el pobre desempeño en casa.
Los periodistas reconocimos que en México, la Selección Nacional fue otra cosa y muy distinta, a pesar de que repitieron en la formación varios hombres. En el Azteca, Costa Rica no se quedó estacionada en la mitad del campo defensivo, mirando hacer a los rivales.
Nada que ver. Salvatierra y Leal por los costados; Tejeda y Cubero por el centro, más los tres jugadores que formaron adelante: Bolaños, Campbell y Brenes se metieron a territorio ajeno a presionar la salida, a bloquear los costados, a irse encima de los dos centrales y metieron a los anfitriones en apuros, pues no esperaban este desempeño en un partido que su prensa deportiva consideró de antemano, de mero trámite.
Algo sucedió a lo interno del grupo para este cambio tan radical y positivo en la planificación del segundo juego.
Ahora, y esto es lo molesto del comportamiento de nuestro entrenador, no ha habido forma de que reconozca que se equivocó en San José. Limitó el desastre del primer juego a que sus jugadores no tuvieron posesión de la pelota.
Si no la tuvieron fue porque no la buscaron, y si no la buscaron fue por la estrategia errada del entrenador a la hora de organizar tácticamente el partido.
Jorge Luis Pinto debe valorar el trabajo de la prensa criolla; debe reconocer que hizo bien en cuestionarlo, como hace bien ahora en alabarlo, pero esto debe ser recíproco y al técnico colombiano, también le haría mucho bien reconocer públicamente que se equivocó, porque de los errores es que se aprende.
No sería aventurado afirmar que quizá, esta otra Costa Rica que vimos en el Azteca, se forjó en los entrenamientos previos al segundo juego, gracias a las críticas derivadas del primer compromiso.

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