Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 11 Septiembre, 2012


¿Qué papel juegan en la Selección Nacional, Paulo César Wanchope y Luis Antonio Marín, los asistentes del director técnico?
¿Ubicar conos en los entrenamientos o están en la obligación de hablarle al oído al entrenador?
¿Cuál es dentro de la jerarquía actual de la Selección Nacional, el deportista más indicado para sentarse a conversar con Pinto y decirle que está equivocado y que debe cambiar de actitud cuando la Tricolor juega en casa?
Desde luego que ese hombre es Wanchope, más que Marín, porque Paulo puede transmitirle a Pinto sus vivencias como delantero y goleador, la zona débil de la Tricolor y la que urge fortalecer para lo que sigue de eliminatoria.
Dejando a un lado lo que sucedió el pasado viernes en el Estadio Nacional; apartando las justificaciones de tan pésima presentación a cargo de varios de los actores, escudados en que las anotaciones mexicanas fueron a balón parado y no dicen nada de su propia inoperancia retratada en uno de los partidos más malos de Costa Rica en los últimos años, incluso, separando lo que pueda suceder esta noche en el Estadio Azteca, quienes apoyamos a Pinto y queremos que siga al frente del seleccionado, clamamos para que alguien de su confianza se le acerque y lo invite a reflexionar.
Nadie pone en duda los conocimientos futbolísticos del colombiano; es un hombre de fútbol y que sabe de fútbol, suponemos que más que cualquiera de los entrenadores costarricenses.
Pero, terco como una mula, se empeña y obsesiona en planificar partidos conservadores jugando de local, que son los que terminan con su despido en la mano (y ya lo han despedido como técnico de Colombia y Costa Rica), por ese estúpido empeño de mutilar y amarrar a sus jugadores en partidos que, como el del pasado viernes, obligaban a todo lo contrario.
Que nadie se extrañe si Pinto saca un empate en blanco esta noche del Azteca, es su especialidad; si México nos derrota por un gol o por seis, amarraremos la clasificación a la hexagonal gracias a Guyana. Ahí es cuando “Chope” y Pinto deben sentarse a conversar para que nuestro goleador le hable de fútbol y lo encause amigablemente a una ruta de mayor producción ofensiva, que solo se logra cuando un equipo se junta a jugar fútbol y no se presenta asustado, presionado y mentalmente derrotado, tanto por la superioridad del rival como por las señales negativas que lanza su propio entrenador.

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