Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 6 Septiembre, 2012





Le tengo más “miedo” a Pinto que a México.
Normalmente se dice que no se pueden ganar los partidos sin jugarlos, pero tampoco perderlos. Nadie puede adelantar una derrota de Costa Rica mañana, aferrado a la superioridad del fútbol mexicano sobre el nuestro, que es manifiesta.

Si la Selección Nacional, como lo analizamos ayer, construye un buen partido, puede ganarlo y ese partido que necesitan jugar los costarricenses, cada uno se lo imagina diferente.
Personalmente considero que para ganarlo, Costa Rica debe dar un golpe de autoridad desde el pitazo inicial y tomar la iniciativa con un fútbol agresivo y ofensivo.
Claro que no se trata de atacar a lo loco y mucho menos “abrirse” y quedar a expensas de un contraataque azteca, pero no me agradan para nada las declaraciones del técnico de la Selección Nacional previas al juego, donde nos habla de conceptos muy tácticos, de los cuales es fanático, como equilibrio, orden, concentración, cero despistes y descuidos, que irremediablemente nos guían a una penosa conclusión.
Pinto no va a atacar a México.
Pinto va a esperar a ver qué hace México.
Sus manifestaciones nos conducen a concluir que el estratega de Costa Rica prioriza el controlar al rival que el desarmarlo. Primero verá cómo lo amarra y después verá cómo lo ataca.
Lo ideal es lograr las dos cosas a la vez pero eso queda para los grandes equipos del planeta.
Jorge Luis Pinto es un estratega enamorado del orden táctico y eso, en un partido contra México, tiene su precio y se puede pagar caro.
No deja de ser una lástima que el entrenador colombiano, a quien defendemos a capa y espada a pesar de estos señalamientos de un periodista que no es técnico, no tenga algo o mucho de colegas suyos que dirigen, junto con los aspectos tácticos que se requieren para un partido, también con detalles emocionales.
Hay partidos en que resulta conveniente dirigirlos por impulsos; dejar un poco el orden y darle paso a la intuición; al riesgo; a la estrategia que nace al momento de la acción y que no se fabricó en una pizarra como tarea obligatoria a cumplir de parte del alumno (jugador).
Quisiera mirar mañana por la noche a una Costa Rica que juegue al estilo Medford, De León, Odir; emotiva, suelta, alegre y punzante y no amarrada por su propio entrenador a un ordenamiento táctico donde le es “prohibido” al futbolista quebrar las reglas dictadas en el vestidor.

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