Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Lunes 13 Agosto, 2012


Para los intereses del fútbol costarricense en su propósito de clasificar al Mundial en Brasil, la conquista de la medalla de oro de los Juegos Olímpicos por parte de México, no pudo caer en peor momento.
La selección mexicana hincó a Brasil, la máxima potencia futbolística del planeta, a menos de un mes para que su seleccionado mayor se enfrente en doble jornada a la Selección Nacional en juegos de ida y vuelta, 7 y 11 de setiembre, como parte de la cuadrangular previa a la hexagonal mundialista.

México sumó los primeros seis puntos, gracias a victoria contra Guyana y de visita en El Salvador, mientras que los ticos dejaron escapar dos unidades como anfitriones frente a los cuscatlecos y luego golearon de visita a los guyaneses.
Si de por sí es complicadísimo enfrentar y derrotar a México, el “coco” de la Concacaf junto a los Estados Unidos, ahora habrá que recibirlos y luego visitarlos con la moral al tope y el orgullo azteca en su punto más alto, porque ganar la medalla de oro de las olimpiadas, ha significado el lauro más grande de toda la historia del fútbol mexicano.
Si bien es cierto hay un refrán que dice... “la confianza rompe el saco”, ni por asomo nos imaginamos mirar el 7 de setiembre en el Estadio Nacional a una selección mexicana confiada y sobrada en su compromiso con la Tricolor.
Todo lo contrario, nos preocupa en demasía este éxito monumental del fútbol mexicano que nos pone de cara a los dos partidos de la eliminatoria con poco positivismo y así lo reconocemos.
Sentimos el proceso de Jorge Luis Pinto enredado y confuso; eso de los miniciclos no lo comprendemos y no apreciamos luego resultados que los den como exitosos o beneficiosos.
La convocatoria de algunos jugadores resulta en ocasiones inexplicable, pues choca de frente con las manifestaciones del propio entrenador, cuando anuncia que no llamará a futbolistas sin continuidad.
El Aztecazo de Guimaraes fue excepción a la regla; los triunfos de México en suelo nacional, moneda corriente.
¡Cómo cuesta ganarles. Es que son superiores!
¿Y ahora?
¿Con esa medalla de oro en sus pechos y vitrinas y enfrentando a una selección mexicana que se supone, mejor que la olímpica, podremos los ticos dormir tranquilos?
Viene México y vamos a México en un instante en que su fútbol es venerado y reconocido como muy bueno en todo el mundo. ¡Qué sal!

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