Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 5 Abril, 2012


Si al mejor equipo del mundo y seguramente, uno de los mejores en toda la historia del fútbol, el rival le regala dos penales, poco se puede hacer para no quedar eliminado.
Las dos faltas de penal de la defensa del Milán, sobre todo la segunda a cargo de uno de sus iconos y referentes, Alessandro Nesta, viejo compañero aún activo de aquella línea de cuatro que formaron Zambrotta, Costacurta y Maldini en los días de gloria “rossonera”, resultó un obsequio imperdonable del equipo italiano al catalán, máxime en el tiempo que se produjo.
El primer gol del Barcelona, se engendra en tres errores infantiles de la defensa milanista; con balón dominado y el equipo en ofensiva, el francés Mexes, pierde infantilmente la pelota con Messi, que se viene encarrerado en contraataque, con la defensa visitante mal estacionada. Después de una serie de rechazos a lo loco, la bola le queda a Antonini quien, en lugar de reventarla, pretende jugarla en zona de candela.
El balón se le adelanta y le cae a Messi; entonces, el propio impulso del defensor milanista lo hace chocar con el argentino y lo derriba. Falta de penal clara que se pudo evitar, con solo que Antonini lanzara el balón al tiro de esquina mientras sus compañeros se acomodaban.
Enfrentado a un equipo que es muy superior, no solo al Milán, sino al resto de los clubes de todo el mundo, los italianos, que por lo menos en este Milán forma con seis titulares de ese país, se las ingenian para empatar el juego, tras una bella combinación de Seedorf, Ibrahimovic y pase a Nocerino que rompe la retaguardia catalana. El ex del Palermo cruza el derechazo y empata el juego. Ahora la clasificación es del Milán, pero uno de sus ídolos, Nesta, rompe el encanto cuando toma de la camiseta a Cesc y comete uno de esos penales tontos, infantiles, estúpidos y que duelen por su significado y lo que representó. Messi anotó el 2-1, iniciándose el segundo tiempo, Iniesta puso el tercero y la serie se terminó.
Uno se imagina que antes del juego, y dados los antecedentes por el pésimo trabajo del árbitro sueco Eriksson en el juego de ida, los jugadores fueron advertidos por el juez Kuipers que no permitiría agarronazos dentro del área, pero Nesta olvidó la indicación.
Hay penales que matan.

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