Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 28 Diciembre, 2011


En la sala vip del estadio Vicente Calderón se presentó Diego Pablo Simeone, como nuevo director técnico del Atlético de Madrid.
El legendario número 14 de la selección argentina, aquel perro de traba de ojos azules, hincha del Rácing, figura de la Lazio y el Inter, icono de los colchoneros, finalmente llegó el lunes a Madrid a entrenar al club que deseaba y quería.
Vestido de negro, con un físico impresionante, como si todavía jugara al fútbol, “El Cholo” no dejó de reunirse con las fuerzas administrativas y deportivas del club rojiblanco, aseguró los contratos de sus brazos derechos, el exportero loco, “Mono” Burgos (¿lo recuerdan?) y el profesor Ortega, y de una vez le entró a su primer dilema como técnico.
La permanencia o venta de uno de los estelares del Atlético, José Antonio Reyes.
Reyes sí o Reyes no. Simeone tiene la palabra. El club no tiene inconveniente en que se quede. Ahora bien, siempre y cuando el entrenador vaya a contar con él. De lo contrario, se apuesta por una venta en el mercado de invierno.
Luego, Diego entró en materia y el primer mensaje que mandó a su afición fue el de tranquilidad; de seguido, reconoció imitar a Pep Guardiola y apeló al espíritu y al sentido de pertenencia. “Cholo” desea que los jugadores, los actuales y los futuros, se sientan orgullosos de defender un estilo, una identidad definida, que vivan y sientan al Atlético de Madrid —agregamos nosotros—, como lo sintió y lo vivió personalmente en su época de jugador.
Fichó Simeone por lo que resta de año y una campaña más pero ya avisó que exigirá en el vestuario claridad, orden y trabajo.
El fútbol no vende nada tangible. El fútbol sí vende ilusión a los aficionados. Simeone aterrizó en Barajas y todas las emisoras de radio dieron en directo su llegada. Los atléticos, de inmediato, volvieron a estar entusiasmados. Objetivo cumplido. La tarea no es sencilla, pero el Atlético y su gente vuelven a soñar con tiempos mejores.
Y es que Simeone llega con la autoestima ideal.
Tenía claro que sí hubo un estímulo que lo impulsaba a aceptar un proyecto en Europa a corto plazo, ese era sin duda su experiencia corta en Italia como técnico, cuando salvó al Catania del descenso y lo ubicó en cómoda posición en la tabla. El argentino necesitaba este aval para demostrarse a sí mismo que también podía triunfar en Europa en su nueva faceta deportiva.

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