Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

Enviar
Lunes 12 Diciembre, 2011


Es un largo partido de 180 minutos que se juega en dos diferentes escenarios.
Ayer terminó el primer tiempo en el Morera Soto con el marcador empatado uno a uno.
Ahora, los actores sacan visa, cruzan la frontera en autobús o caminando, dada su cercanía, presentan pasaportes en las puertas del Rosabal Cordero y se juegan el título en la segunda parte.
Eso de ser locales o visitantes lo marcan las gradas.
Muchísima más presencia rojinegra que rojiamarilla ayer y, en la vuelta, será lo contrario.
Negar que el Herediano tiene ahora la ventaja es absurdo.
La sonrisa de satisfacción dibujada en el rostro de Jafet Soto al final del juego, en contraste con el rostro serio y enjuto de Oscar Ramírez, muy propio del “Machillo” en las buenas y en las malas, nos retratan que el empate es buen negocio para el Herediano y así estaba estipulado en los previos del encuentro.
Sin embargo, no estamos hablando de que el Alajuelense tiene que desplazarse de Barcelona a Ucrania a defender la corona, y que está contra las cuerdas, porque la historia no se escribe así. Ayer, el Herediano no acusó su condición de visitante ni sus jugadores fueron intimidados por el griterío de la masiva barra local. Igual sucederá en la vuelta.
El juego de ida de la final fue más táctico que emocional.
La pizarra en el vestuario le ganó por nocaut a la fantasía, la chispa, el ingenio o la improvisación.
El estratega de la Liga presentó una formación cargada de notables ausencias, más interesada en romper la letal combinación de los talentosos mediocampistas florenses con su binomio de ataque, y para ello formó con una doble línea de hombres de marca: González, Palma y López en defensa; Gutiérrez, Guzmán y Valle en la cintura, flanqueados además en diagonales defensivas por los carrileros Sancho y Meneses, en función también de guardaespaldas. Cero “diez” o creativo y bolas largas a las puntas, Alpízar y McDonald.
Rota la conexión entre Cancela y Cordero con Núñez y Vargas, el protagonismo lo agarró Andrade y el juego se rompió, no con faltas, sino ayuno de creatividad. Entonces, los porteros no fueron protagonistas y el par de goles cayeron por rutas poco usuales cuando sobra talento en la cancha. Como el ingenio fue amarrado, un par de centros con sus respectivos remates de cabeza terminaron en la red y el asunto se resuelve en la vuelta.
Aquí, como ya no hay más allá, habrá que esperar más emoción y emotividad.

[email protected]