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Viernes, 23 de agosto de 2019



NOTA DE TANO


NOTA TANO

Gaetano Pandolfo [email protected] | Sábado 04 septiembre, 2010



Jugaban 3-2-5.
Liga Deportiva Alajuelense.
Carlos Alvarado en la portería.
Nelson Morera, Vivo Quesada y Eric Molina.
Macatre Esquivel y Cornelio Urbina.
Indio Retana, Chumpi Zeledón, Solanito, Morux y Farachín Alvarado.
Carlos, Vivo, Macatre y Urbina estaban de entrada a la década 55-65, los otros iban de salida.
Club Sport Herediano
Amado Calvo en la portería
Colorado Sáenz, León Alvarado y Nano Campos.
Negro Esquivel y Edgar Quesada.
Ibo Arias, Mario Murillo, Marco Ovares, Macho Esquivel y Chano Campos.
Negro, Edgar y Mario, estaban de entrada a la década 55-65, los otros iban de salida.
¡El clásico provincial de los años 50!
Don Luis Cartín, micrófono de oro de la Cabalgata Deportiva Gillete, anunciaba con su voz inconfundible las formaciones de los equipos, con un respeto impresionante del público.
El “gato” vendía en sol sus famosas empanadas de frijol y carne y en sombra, “La Negra”, fanática acérrima del Herediano, ofrecía lotería.
Mi papá Leonardo, asistente fijo de la jornada dominical, le compraba el número 18 que jamás salía y al niño de seis o siete años, la típica bolsa de papas.
A la salida, caminar hasta el ahora Canal 7 a esperar el bus, que lo dejaba en la panadería Musmanni, 100 metros al norte de la Merced y si el bus no llegaba, a “volar pata”, atravesando la pista de aterrizaje del aeropuerto La Sabana, capeando avionetas para acortar ruta en diagonal hacia la estatua de don León Cortés, donde afloraban los autobuses de Sabana y Cementerio.
¿Cuántos Herediano-Alajuelense habremos presenciado desde 1950?
Este domingo iremos al Morera Soto a mirar uno más; ilusionados quizá con que el Cachorro Ledezma emule a Danilo Montero, “El Príncipe” o que Marco Ureña se invente escapadas diabólicas como aquellas de Juan “El loco” Ulloa, para que el clásico se vista con ribetes de calidad.
Quizá Olman Vargas anote de cabeza como lo hacía a cada rato “Cuico” Bejarano, o Diego Estrada se decida a crear filigranas al mejor estilo de Cuca Herrera o Juan José Gámez.
La mano de obra es buena; antes mejor que ahora, pero la de hoy sirve; lo que atenta al espectáculo es el sistema: aquel 3-2-5 resultaba mucho más alentador que esto de ahora que siempre termina en uno: 4-2-3-1; 4-5-1; 4-3-2-1 o 5-2-2-1. La lógica dicta que con cinco delanteros habrá mejor espectáculo que con uno; en mucho por esto, los entrenadores duraban más en sus puestos.

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