Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 27 Agosto, 2010


Qué poco luminoso lució el escenario en el que se anunció que Ricardo Lavolpe se llevaba el contrato para su casa.
No se pudo siquiera organizar una conferencia de prensa: el arranque de la sesión fue desastroso; micrófonos y mecates iban y venían y nadie ponía el huevo. Miguel Chacón robaba cámaras y saludaba a todos cual tica linda.
Cuando se dio el pitazo inicial, fue lamentable darse cuenta de que el presidente de la Federación, Eduardo Li, ni siquiera pudo improvisar un poco de palabras para anunciar que esa noche, Lavolpe no pondría la chayotera.
Prefirió leer un comunicado… de dos líneas; y lo leyó mal.
¡Qué curioso cómo son hombres tan exitosos en sus empresas, pero les cuesta expresarse!
Tan sencillo anunciar que el señor Lavolpe prefirió analizar, repasar y consultar el contrato que le ofrece la dirigencia costarricense para convertirlo en técnico de la Selección Nacional, con sus abogados, con calma y en territorio propio, algo totalmente lógico por el tema que trata.
Finalizada la “extensa” intervención de don Eduardo, las cámaras se posaron en un Lavolpe tenso, concentrado y confundido; un personaje que transmitió de principio a fin la sensación de preguntarse… qué diablos estoy haciendo aquí.
Esa conferencia de prensa no debió celebrarse; organizarla dentro de ese desorden fue un paso en falso; un nuevo espanto de la casa de los sustos, dado que debió cancelarse en el instante que se supo que Lavolpe no firmaba el contrato. Como bien lo expresaron la mayoría de mis colegas, se citó a una conferencia que anunciaba la presentación del técnico de la tricolor, pero este no fue presentado.
Tampoco el argentino salió huyendo por la puerta de atrás; simplemente afinó el olfato y como viejo zorro que lo es, pidió darle más vueltas a la piscina en lugar de zambullirse en ella. No vaya a ser que haya una piedra en su fondo.
Al suspenderse la novela en el penúltimo capítulo, germinan las especulaciones; acá nos quedamos con la versión oficial; los temas de fondo están resueltos; se presentaron asuntos de forma que Lavolpe desea consultar.
¿Quién no haría lo mismo cuando se enteró que al patrono que lo contrató, un minúsculo grupo de dirigentes (y este calificativo les queda gigante), quieren destronarlo?
¿Firmaría usted?

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