Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 11 Marzo, 2010



Los hombres liquidaron a los modelos.
Raúl, desesperado y eliminado agarró a patadas a Cris y Sergio Ramos, ansioso, impotente y fundido ante la malicia en su marca del argentino Chelo Delgado, lo barría con intenciones claras de mandarlo a la Cibeles.


Kaká, el niño bonito, humano al fin, escupió alguna mala palabra en ruta al vestuario cuando fue sustituido y el pobre de Florentino Pérez, que lo sentimos tan ingenuo e infantil como tantos hombres que lo único que tienen es dinero, ha sido de nuevo “agarrado de maje” por las estrellas que modelan calzoncillos, pero a la hora de la verdad, esconden lo que aquellos llevan dentro.
¡Pobrecitos los dirigentes atrapados en su fanatismo!
Cómo complacen a las estrellas que al rato se estrellan ante las agallas, el coraje, la vergüenza y la sangre de rivales en el papel inferiores, pero no tienen carácter para castigarlas.
Los salarios de Cristiano Ronaldo y Kaká para citar solo el nombre de dos de los astros del equipo merengue, sonrojan la pobreza en el planeta y lo triste, lo que duele, es que a pesar de los millones de dólares que reciben por jugar, ganan millones por relaciones públicas, modelaje e imagen y además, los premian, si por ejemplo el club gana la Liga, la Copa y desde luego, la Champions.
Hay decenas de premios y motivaciones para los jugadores, pero en sus contratos, no se estipula ningún castigo.
Qué ejemplarizante sería que los futbolistas multimillonarios del Real Madrid y los de otros clubes famosos del mundo, fueran castigados en sus ingresos cuando se da un fracaso como el de ayer en el Santiago Bernabéu.
Qué equitativo sería a la hora de firmar un contrato o amarrar un fichaje, estipular un premio si se gana un título, pero una reducción de salario si se pierde.
Ayer el Madrid terminó de botar la clasificación en la primera parte; la había empezado a gestar en el juego de ida, cuando jugó “sin aquellos” y perdió 1-0. Nada de responsabilidad tuvo Pellegrini en que sus discípulos botaran tres goles hechos; de manera que Florentino, antes de despedirlo, como lo hará, debería recriminar a sus estrellas su pobre rendimiento y también castigarlas donde más les duele: en el bolsillo.
Desde luego que esto no se dará, la industria del fútbol no lo permite.

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