Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 20 Enero, 2010



Voy a interrumpir el análisis que iniciamos sobre la convocatoria de Ronald González para enfrentar a la Argentina, para comentar una nota de ayer en La Nación que me impactó.
Titula el diario en primera página: “Estado debe 117 millones de colones a Hanna Gabriel” y en la sección deportiva se explica la situación.
Hay una ley, la número 7703 que está vigente, que creó el “Premio Nacional Deportivo Claudia Poll”, que se ofrecerá a “los deportistas costarricenses, cuyas actuaciones merezcan títulos o medallas en juegos olímpicos, torneos o campeonatos mundiales, previamente reconocidos por el Consejo Nacional de Deportes”.
El premio comprende “una suma en efectivo equivalente a cien salarios mínimos del puesto de Director del Servicio Civil”. Este premio, calculado al día de hoy suma ¢117 millones.
La ley fue promulgada el 14 de octubre de 1997 impulsada por el entonces legislador del partido Nuevo Democrático, Rodrigo Gutiérrez Schwanhauser. Desde esa fecha, únicamente la propia Claudia Poll lo ha ganado; la ondina recibió ¢30 millones, por sus preseas olímpicas.
Entonces, así a simple vista, no hay quite.
Sin embargo, me quiero convertir en abogado del diablo.
¿Algún costarricense puede tomar en serio lo que parece ser una farsa que se montó en Nicaragua, para disputar esa corona mundial, entre el ama de casa argentina y la respetada pugilista costarricense?
¿Si la Organización Mundial de Boxeo, promotora de la pelea en disputa de la corona mundial de las 147 libras, le tenía rango de combate por un título mundial, entonces tenía que darle a Hanna una bolsa millonaria en dólares?
¿Alguien podría indicarnos, cuánto se ganó nuestra compatriota por ese título?
Desde luego que no nos oponemos a que se ayude a Hanna, ella lo merece todo, pero el portillo es sumamente peligroso, porque mañana se organiza un campeonato mundial de “jupas” y lo gana Costa Rica y hay que cumplir con la ley. Incluso, si los mundialistas de Egipto hubiesen clasificado terceros y no cuartos, la medalla de bronce les da derecho a cada uno, a ese premio millonario.
¡Imagínense el platal!
Cualquier ser humano con un gramo de inteligencia, sabe que el espíritu de esa ley es otro y como ahorita me salen con mi hermano Osvaldo, metido en este enredo como presidente del Icoder, ni pierdan tiempo que la plata del premio no es de él.

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