Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 9 Diciembre, 2009



Tengo la impresión de que Jorge Hidalgo, presidente de Liga Deportiva Alajuelense, nunca mostró la misma emoción a la hora de firmar a Marco Antonio Cerqueira, que la expresada después de su viaje a la Argentina donde en su momento fichó a Marcelo Herrera.
Con Popeye, el jerarca rojinegro mostró identificación plena y fue leal con su trabajo; a don Marco le puso una pistola en la frente demasiado temprano y lo arrinconó contra las cuerdas en la decisiva fase final del campeonato.
Sinceramente no sé si la eliminación de la Liga se debió a Cerqueira, o a Hidalgo.
En forma semejante a como se hundió mentalmente Rodrigo Kenton, conforme la prensa deportiva lo aniquiló mientras se sumaban los resultados negativos en la segunda vuelta de la hexagonal, igual el técnico brasileño de la Liga no pudo con la presión que le significó en el cierre de la etapa, aquellas fatídicas palabras de su patrón, de que lo echaba si no clasificaba.
Algo grave a lo interno del club que no trascendió públicamente, rompió la armonía —si es que la hubo— entre Cerqueira y sus jugadores. Lamentablemente en nuestro medio, los líderes de los equipos no enfrentan claramente a sus técnicos, pero sí gustan de enviar mensajes indirectos de disconformidad.
Lo que expresaron Luis Marín, Cristian Oviedo y Carlos Castro en el Fello Meza el domingo anterior, sobre esa falta de agresividad ofensiva del equipo, no solo en el juego ante Cartaginés, sino en muchos otros, fue señal inequívoca de que la relación entre entrenador y jugadores no estaba en la ruta correcta.
Aquí dijimos la semana anterior que Alajuelense era un club donde solo su técnico sonreía, todo lo demás era gris, de manera que la caída de Cerqueira estaba prevista, fue anunciada y ahora consumada y nombrar a mi querido amigo Luis Roberto Sibaja como técnico, es exactamente lo mismo que cuando en su momento y eso no fue hace mucho, la directiva rojinegra nombró como entrenadores a Javier Delgado, asistido por Mauricio Montero y después a Luis Diego Arnáez. Es fácil suponer que con Sibaja, obtendrán idénticos resultados.
A Luis Roberto no lo nombran porque tiene licencia A, esa la obtuvo hace años; no se graduó en Alemania el mes pasado, de manera que son otras las razones; una fuerte, la sequía de dinero que debe afrontar la directiva, tras el fracaso del equipo en el invierno.

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