Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 14 Octubre, 2009



Tres tiros de esquina consecutivos y el técnico de Brasil, pidiendo tiempo.
Ese fue el final del partido.
Ronald González les pidió a sus jugadores un juego perfecto y sus discípulos lo complacieron con un partido —como en el béisbol—, sin permitir, hits, ni errores. Solo se concedió una base por bolas: el gol de Kardec en el min. 67, pase alto y largo de Pablo Enrique al segundo palo, la bola superó el salto de Roy Smith en el corazón del área y cerró por la derecha el goleador, con un furibundo remate de derecha, cruzado, imposible para Esteban.
Antes y después, los brasileños no lograron embasarse.
Como se presumía, Costa Rica se atrincheró en la mitad de su campo, con su habitual sistema táctico (4-2-3): Blanco, Mena, Smith y Leal; Varela y Guzmán; Ureña, Estrada y Madrigal, todos de pie en mitad del campo defensivo. Del otro lado, solo Josué.
Lógicamente que se dio el juego del gato y el ratón, solo que en esta ocasión, los ratones se dejaron tocar por el gato, pero no los atontaron para luego tragárselos.
¡Brasil, peso y uniforme!
Costa Rica, cenicienta, transformada y bellamente vestida para el baile de gala.
Y pasaron y pasaron los minutos, e incluso, finalizó el partido y si se repasa con detenimiento el vídeo del juego, habrá que anotar que Costa Rica estuvo más cerca del gol que Brasil, gracias a los dos morteros de David Guzmán que no se quedaron prendidos en la red, suponemos que por las plegarias de los brujos de Copacabana, la lora de Badú y la perrita de Cerqueira.
La Selección Nacional jugó como lo quería su director técnico, esperó, bien paradita atrás y sus bloques defensivos respondieron, tanto que Esteban Alvarado no tuvo que intervenir ni en una sola ocasión, para evitar eso que se llaman “goles hechos”.
Del Brasil 5 Costa Rica 0 de la primera fase, no se repitió nada más que la acción del único gol del partido, apenas justo para el seleccionado que por destino estaba llamado a ganarlo, mientras, que al sonar las doce campanadas en el reloj de arena ubicado en la base de las pirámides, la cenicienta se negó a retornar a la servidumbre y decidió continuar vestida de reina.
Costa Rica fue reina en Egipto.
¡Tiempo, tiempo, tiempo, gritaba Rogerio!
Qué güilas pa’molestar.

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