Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 5 Febrero, 2016

Le tocó el turno al “Fello” Meza.
¿Puede algún otro escenario del campeonato nacional lavarse las manos?
Nuevos actos de violencia, los responsables de la organización se reparten las culpas, los dirigentes prometen lo mismo de siempre, los gerentes pegan el grito al cielo y lo que causa más risa dentro de este marco de terror, es escuchar la promesa habitual.


“Tenemos focalizados a los revoltosos y jamás volverán a entrar a nuestro estadio”. ¿Recuerdan de época prehistórica las cámaras de Jorge Alarcón?
Esta batalla de los decentes contra los pachucos en el fútbol nacional está perdida, como se han perdido todas las guerras contra los borrachos de Palmares, los delincuentes que irrespetan las señales de tránsito y hacen mofa de los conductores decentes, que hacemos la fila que nos señala la ley y al final quedamos como meros brutos.
¿Han visto ustedes por casualidad un inspector de tránsito deteniendo a estos energúmenos del volante, que se saltan por derecha e izquierda las filas que ordena la decencia?
Y lo peor: ¿han visto alguna vez, mis queridos compatriotas, que uno de estos pachucos que nos rayan en las filas y se saltan diez o 15 vehículos, al final, no pueden pasar?
Todos, absolutamente todos pasan.
¿Y la autoridad?
¿Y la autoridad en los estadios de fútbol?
¿Y la sanción?
¿Y la cárcel, y la multa alta para el infractor, y el decomiso de su auto?
La gente decente de este país está perdiendo todas las guerras; en el tema del alcoholismo que tanto me compete cada día me desanimo más por la desigualdad del combate.
Millones de millones de dólares que se invierten en propaganda para que nuestros jóvenes se inicien en el consumo de alcohol, miles se hagan adictos por su uso y abuso y el infierno que sigue: hospital, cárcel y cementerio.
Del otro sector, prácticamente nada.
Se cayó el matrimonio; se desintegró la familia núcleo de la sociedad; se perdieron los valores tradicionales; se facilitó la educación; nos inundamos de leyes y trámites y nos zambullimos en un país repleto de derechos pero sin deberes.
Los pachucos ganaron la batalla; esos mismos que conducen a lo bestia y que todo lo irrespetan, son los que asisten a los estadios a degenerar el espectáculo.
Y lo más grave: ahora son propietarios de medios de comunicación; sus heces se multiplican en las redes sociales y el olor no es grato.