Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Sábado 6 Junio, 2015

Aunque los federativos, el cuerpo técnico y los integrantes de la Selección Nacional desean continuar sus respectivas actividades como si en Tiquicia no hubiera pasado nada, la verdad es que la detención de Eduardo Li afecta prácticamente todo.

A niveles administrativos todo estaba dispuesto para que Li fuera reelecto presidente de la Federación el próximo mes de agosto. Ahora, con su caída, se ha abierto una lucha de poder a lo interno de la dirigencia en busca del sustituto del actual jerarca. Esto distrae los movimientos de la Tricolor, porque en cada uno de los fogueos del seleccionado, don Eduardo era la cabeza visible de la delegación.
A nivel del cuerpo técnico, el tema puede ser más grave, porque cuando Li y Jorge Luis Pinto rompieron relaciones, fue el Presidente de la Casa de los Sustos el que prácticamente impuso a Paulo César Wanchope como sustituto del colombiano. No todos los federativos estaban de acuerdo en que Chope sustituyera a Pinto, pero después de algunos intentos por encontrar en el mercado un técnico del mismo calibre o mejor que el suramericano, fallaron las intenciones. Cuando Ricardo Gareca no aceptó el ofrecimiento para entrenar a la Tricolor, se abandonó la búsqueda de otro técnico y se apostó por el de casa.


Paulo César Wanchope es ficha de Eduardo Li y ahora el jerarca está detenido, de manera que la continuidad de Chope va a depender muchísimo de los resultados que obtenga la Selección en los fogueos ante Colombia, España y México y desde luego su participación en la Copa Oro, una competencia de alto nivel internacional en el área, otra prueba de fuego para Paulo César después de conquistar la Uncaf.
Y en cuanto a los jugadores, aunque ellos manifiestan que la vida sigue igual y el drama de Eduardo Li no afecta sus entrenamientos y preparación para amistosos y Copa Oro, es imposible ocultar que el caso Li distrae mentalmente lo relativo a la Selección Nacional, sobre todo porque los líderes del equipo: Keylor Navas, Bryan Ruiz y Celso Borges, ayudaron a empujar a Pinto al abismo y definitiva separación del grupo e hicieron filas alrededor de Wanchope, al punto de convertir a la actual Selección Nacional en lo que muchos llaman: un club de amigos.
Con Li en prisión, Wanchope y sus leales jugadores quedaron más obligados a obtener buenos resultados, porque la cabeza del grupo hoy no está presente y, por ende, el apoyo incondicional por ahora no existe.

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