Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 4 Febrero, 2015

¿Qué sentido tiene cuestionar el nombramiento de Paulo César Wanchope?
Ninguno, absolutamente ninguno.
Tenemos muy claro que a nivel de exigencia, el costarricense no reúne los requisitos ni suma las credenciales que amerita un puesto como el que ahora ocupa estelarmente.
Pero dado lo sucedido en el entorno de la Tricolor y tratando de comprender que los esfuerzos que hizo la dirigencia para encontrarle un sustituto a Jorge Luis Pinto con mayores atributos no fructificaron por diferentes razones, toca ahora hacer filas con Paulo César y acompañarlo positivamente en la travesía.
Aferrados a un concepto que deja buenos dividendos en la vida diaria de cualquier persona, de verle a la otra virtudes y no defectos, resaltar los primeros y hacerse el “maje” con los segundos, destacábamos en una Nota reciente que en cuanto a inteligencia emocional, Wanchope supera a Pinto, un profesional capacitado para ser director técnico de cualquier equipo del mundo, pero que se rompe emocionalmente con extrema facilidad.
En la famosa conferencia de prensa que dividió a la opinión pública costarricense en dos partes, el entrenador colombiano se rompió emocionalmente y dijo cosas que previamente se había acordado no tenía que decir y se armó la gorda.
A las personas emotivas y muy cargadas emocionalmente les cuesta mucho guardar sentimientos positivos o negativos y se descargan con facilidad. Otras, como es el caso de Wanchope, son muy fuertes mentalmente, tienen alma de congelador y aunque internamente se desgarran, no sueltan ni publicitan sus sentimientos.
Nos dimos cuenta los costarricenses, como el nuevo técnico de la Selección Nacional jamás se involucró en la bronca con Pinto; respondió escuetamente a los señalamientos de traidor que le endosó el cafetero y se hizo inteligentemente a un lado. Con cara de “yo no fui” y cargando en su equipaje la etiqueta de “técnico interino”, Paulo quemó un par de etapas exitosas al frente de un equipo que venía armado tácticamente de Brasil y ganó la Uncaf, salió airoso del Centenario, todo un mérito y amarró alianzas que lo proyectaron como titular en la Tricolor si la dirigencia, resumida en este país solo a dos personas, Li y Gutiérrez, no fichaba algo mejor.
De manera que estamos con Wanchope, pero no comemos cuento; se decidió con la Selección Nacional lo que se estila en cualquier club. Nombrar un muchacho de la casa, retirado y que fue muy buen jugador. ¿Alcanza?