Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 30 Diciembre, 2014

Siempre fui “hincha” del Inter de Milán.
Era, y ahorita ni sé si es, mi equipo en Italia.
Su histórico banderín con los colores azul y negro engalanó muchos años el interior de mis automóviles.
Sus futbolistas italianos, iconos del país y de la selección “azurra”, como Tarcisio Burgnich, Giacinto Fachetti, Walter Zenga, Sandro Mazzola, Sandro Altobelli y tantos más, eran mayoría en un club que hacía honor a su nombre firmando futbolistas extranjeros de categoría, a lo sumo dos o tres por temporada.
Sin embargo, cuando se permitió que jugaran en los clubes italianos futbolistas naturalizados, descendientes de italianos y mancomunados, las nóminas de los equipos de Italia dieron un giro y ahora es a la inversa.
Cuesta ver equipos en el campeonato italiano con mayoría de nacionales y esto, más las nuevas numeraciones de los jugadores me ahuyentaron del calcio. Lo he escrito varias veces: no soporto ver a un portero jugar con el número 67 y a un centro delantero con el 93. Supongo que son cosas de “roco”.
Recientemente se jugó la final de la Supercopa de Italia entre Nápoles y Juventus. Razones económicas y políticas que deberían estar ajenas al fútbol, llevaron este partido a Doha para deleite de unos jeques multimillonarios y desde luego los jerarcas de FIFA, quienes no se cansan de chupar la teta más sabrosa del fútbol mundial, viajando como reyes a los lugares más sofisticados del planeta.
Pobres hombres estos, que solo tienen poder y placeres propios de sus cargos, pero que entran mirando para abajo a las ceremonias de premiación, aborrecidos por la feligresía que los saludan por mero protocolo y a regañadientes y si pueden se los saltan, como hizo Cristiano con Platini.
No poder mirar de frente prácticamente a nadie tiene su precio; los jerarcas de FIFA lo cargan en sus conciencias.
Pues bien, en ese partido de la Vieja Señora y los celestes que hizo bicampeón Diego Maradona, solo jugaron seis italianos entre los 22 titulares; cinco en Juventus y solo uno en Nápoles. ¡Qué pena!
Gianluigi Buffon, Leonardo Bonucci, Giorgio Chiellini, Andrea Pirlo y Claudio Marchisio en la escuadra de Turín y solo el lateral Christian Maggio entre los napolitanos.
Esto es triste y hasta decadente en el fútbol italiano; su liga ha perdido peso, renombre, carece de figuras deslumbrantes y según lo dijo Arrigo Sacchi, ha sido superada por otras cinco ligas europeas, incluyendo la lusitana.
El fútbol italiano urge de un terremoto en su interior.

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