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Sábado, 15 de diciembre de 2018



NOTA DE TANO


Nota de Tano

Gaetano Pandolfo [email protected] | Jueves 10 julio, 2014


¡Qué semifinal más diferente!
Mientras los tanques alemanes trituraron la maleza brasileña en menos de media hora, argentinos y holandeses se tuvieron tanto respeto y temor que pudieron haber jugado hasta el próximo domingo y no se meten un gol.
Así las cosas y dado lo exhibido por las cuatro potencias que llegaron a las semifinales del Mundial,Alemania se presenta como favorita para conquistar el tetracampeonato en la final que jugará con Argentina, un equipo que como Brasil, luce muy codependiente de su astro Lionel Messi para sobresalir.
Ya “apreciamos” el desastre que resultó Brasil sin Neymar y ya notamos también ayer, como a Holanda le bastó cercar el intelecto del zurdo platense para que su portero Cillessen tuviera un juego tranquilo, nada que ver con el suplicio que vivió Julio César ante los panzers teutones.
Argentina está en la final con todo merecimiento, pero sin convencer.
Desde el día del sorteo, no sabemos si por las oraciones del Papa Francisco, a la Argentina le tocó un grupo cómodo y se le presentó un sendero accesible, todo lo contrario a Brasil, a quien las llaves lo lanzaron apenas en la segunda fase a un virtual enfrentamiento con España u Holanda, asunto que no se dio por el sorpresivo hundimiento de la fuerza roja.
Los discípulos de Alejandro Sabella han vencido pero no convencido y ahora se presentan a la final después de la demoledora presentación de las huestes germanas, como eventuales víctimas de ese terrorífico fútbol que han dibujado los alemanes.
La semifinal de ayer fue táctica y aburrida; los dos equipos se atrincheraron, se resguardaron y como en un apretado juego de tenis, jugaron mucho al error del adversario. Solo que no hubo yerros de grueso calibre, algunos en mitad de campo sin consecuencias.
Holanda jugó como Costa Rica con tres centrales y dos carrileros abiertos; delante, un escudo llamado De Jung (nuestro Tejeda), encargado de Messi. Argentina con línea de cuatro, pero con Mascherano ahí incrustado, cortando zacate a las embestidas de Robben y Sneijder que no existieron.
Semifinal de respeto y limitaciones con un cero a cero en el marcador, contraste absoluto y total con la otra semifinal, repleta de magia, fantasía y goles. Cada semifinalista vencedor, mandó un mensaje futbolero para la final: Alemania el suyo; Argentina el suyo. Ahora les toca el turno a los analistas para ver qué puede suceder en el Maracaná el domingo.

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