Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 25 Abril, 2014

Conocí a Pilo Obando en el Gimnasio Nacional a inicios de la década de los 70.
El narrador cartaginés formaba parte de “La Poderosa”, la cadena radial deportiva liderada por el querido y recordado Felo Ramírez y que integraron desde sus inicios otros distinguidos periodistas, narradores y comentaristas como Jimmy Avendaño, Luis Humberto Ramírez, dos brumosos de cepa también fallecidos, Roberto Cartín y Ricardo González, entre otros.
El baloncesto vivía una época dorada por la rivalidad entre el Seminario de Palito Silva y Jaime Peña y la Universidad del Macho Tabash. Se jugaba a gimnasio lleno, La Poderosa era fuerte en la narración del deporte de los aros, Tano comenzaba su carrera en La Nación y Pilo la suya en esa joven e impetuosa cadena.
Todos nos hicimos amigos y la bohemia nos atrapó en la sede del Colegio de Periodistas diagonal al Gimnasio Nacional. Crecimos profesionalmente.
Nos encontramos por muchos años en escenarios deportivos; Pilo, carismático, dicharachero, popular, sin duda un agradable colega, amigo y compañero.
Pero fue en Italia 90 donde lo conocí profesionalmente.
Por razones logísticas, nos unimos al personal de Repretel, de manera que compartimos toda la cobertura de la Selección Nacional en la Copa del Mundo con Álvaro Allen, Pilo Obando, Hernán Morales y Jorge Ross.
Cuando tuve el privilegio de ser parte de ese grupo, conocí a Manuel Antonio Obando en toda su enorme dimensión.
Entonces me atrevo a calificarlo bajo tres aristas muy propias de su personalidad.
Profesional de altos quilates; temperamento fuerte y explosivo; agradable y carismático.
Pilo Obando no improvisaba; se documentaba antes de cada narración, lo recordamos ejecutando prácticas de lenguaje dados los extraños apellidos de escoceses, suecos y checos y tenía como regla dorada llegar bien temprano al lugar de trabajo. Con Pilo, cada equipo tenía 11 jugadores con sus propios nombres y apellidos, no como ahora que ciertos narradores solo mencionan seis o siete y siempre ataca y defiende el mismo.
Eso sí, Pilo era muy cabreado y en Italia explotó, se enojó, reclamó y puso al grupo en alerta roja, cuando notaba que una transmisión podía irse al traste por alguna distracción o llegada tardía al evento.
El tercer rasgo de la personalidad de Pilo fue el que Costa Rica entera le admiró y con el que cautivó a toda una nación que hoy lo llora y recuerda con demasiado cariño y amor.
¡Qué duermas en paz amigo!

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