Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Sábado 31 Agosto, 2013

El triunfo del Alajuelense frente al América lo siento más motivante a nivel de campeonato nacional que de Concachampions. El buen desempeño táctico de la Liga que se le paró firme y ordenado a un gran equipo como el monarca azteca, proyecta una formación manuda más coordinada y sólida para el clásico provincial con el campeón Herediano y lo que sigue del largo torneo.
En el otro escenario el asunto está complicadísimo por no decir que muerto. La derrota del Alajuelense en Panamá es de consecuencias nefastas en un torneo tan corto y con ese cierre en México que ha sido de fatales resultados para la propia Liga y otros clubes nacionales.
Eso de que la Liga está viva después de vencer al América y depende de sí misma para clasificarse, parece ser una positiva frase montada sobre la alegría de la matemática y bien alejada de la realidad.
Los comentaristas deportivos criollos no aprenden las lecciones del fútbol y hace solo un par de semanas presagiaban siete, ocho o nueve goles que el Alajuelense le tenía que endosar al Sporting San Miguelito en Panamá y ahora ya proyectan exactamente lo mismo.
“La Liga le mete 11-0 a San Miguelito en el Morera Soto, le empata al América en el Estadio Azteca y listo. Clasificados”.
¿Qué fácil, verdad?
Y… ¿el América?
Seguramente y según los comentaristas criollos se va a quedar en la gradería mirando a la Liga clasificar.
La realidad, la dura realidad, esa que duele y pega, indica que a pesar del triunfo de los manudos sobre las “Águilas”, son estas las que tienen la papa en la mano para clasificarse, porque cierran con dos partidos en el Estadio Azteca, escenario en el que son amplios favoritos.
Cualquier aficionado al fútbol que analice fríamente lo sucedido antenoche en el Morera Soto, tendrá que concluir que el juego de vuelta en México será demasiado complicado y harto difícil para la Liga, frente a un América con todos sus titulares y obligado al triunfo para clasificarse.
El América de hoy es un equipazo, lo reconoce Óscar Ramírez y se comprueba fácilmente viéndolo jugar, de manera que suena más consecuente analizar la realidad de los hechos, de los números, desearle a la Liga la mejor de las suertes, aplaudir su mejora de juego, pero no lanzar las campanas al vuelo con una campaña emotiva pero muy distante de la cruda verdad. La derrota en Panamá sepulta y de esa tumba solo se podría salir con terremotos similares, escasos y poco frecuentes.

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