Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 4 Julio, 2013

¿Verdad que usted no puede matricular a sus hijos en una escuela por Internet, salvo escasas excepciones?
¿Verdad que las personas pobres que piden ropa y alimentos en el Ropero de San Antonio, no lo hacen por Internet?
¿Cómo se puede planificar algo justo y equitativo a la hora de que los aficionados compren sus entradas para un evento deportivo de sumo interés?
Existe una solución pero es de la época prehistórica.
Empieza por eliminar la compra de boletos por Internet.
Sigue por la obligación de vender un tiquete por persona y en un solo lugar de venta.
Por ejemplo
Solo se venderán entradas en las boleterías del Estadio Nacional, que serán ampliadas para beneficio de los compradores.
Las entradas se pondrán a la venta una semana antes del evento deportivo a partir de las 8 a.m. y hasta que se agoten.
La Federación no se hace responsable por la compra de entradas fuera de las boleterías, por aquello de las falsificaciones.
¡Solo una entrada por persona!
Bajo este sistema prehistórico va a prevalecer la justicia.
Comprarán la entrada las primeras 35 mil personas en la fila y ya es asunto personal o familiar, a qué hora se hace la fila.
Pueden acampar cerca de las boleterías desde el momento que les dé la gana, como cuando se presenta un espectáculo artístico de algún famoso.
Las personas acomodadas o las que se acostumbraron a adquirir boletos por Internet, no paran de quejarse porque en esta ocasión para el juego contra Estados Unidos, los tecnicismos y otras yerbas les rechazaron sus compras por la computadora.
Mejor entonces ir a lo seguro y si no quieren hacer fila, le dan una “platita”, un “tucancito” a decenas de personas que lo necesitan para que hagan la fila en lugar de ellos.
Nada de cinco entradas por persona. ¡No! Una por persona, para obstaculizar o frenar el negocio de los revendedores.
En el instante que se vendió el boleto número 35 mil, ahí se detiene el asunto. Salado el que seguía en la fila.
Reconozco que esta solución es congruente con el año 1920, casi imposible de poner en práctica en la era de la informática; añeja, desactualizada, ingenua, infantil y puede que estúpida.
Digan todo lo que quieran,
Pero que es justa, es justa. Equitativa y justa.
Pareja para todos. ¿No es acaso eso lo que se busca?

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