Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 5 Abril, 2013

Deben preocupar a la dirigencia del Saprissa las declaraciones de su técnico, Ronald González, minutos después de sufrir la derrota ante Puntarenas.
El “Carasucia” sintió vergüenza por el desempeño de sus jugadores y expresó públicamente que lo que estos hacen en la cancha, no es reflejo de lo que se practica en los entrenamientos.
Y escribió una sentencia.
Si hay que volar machete y hay que cortar cabezas, pongo la mía de primero, pero también la guillotina debe seguir hacia el grupo de jugadores. Más claro no canta un gallo.
Desde luego que el técnico morado no está responsabilizando directamente a sus discípulos de la derrota, o de las derrotas porque fueron dos seguidas si se suma la de Coronado, pero sus declaraciones son las que producen reacciones en el vestuario, positivas pero también negativas y ahora habrá que medir la madurez de la nómina a la hora de asimilar los cargos del “profe”.
La crisis en el Saprissa se prolonga; la sucesión de técnicos en el banquillo indica en unos casos falta de paciencia, pero sobre todo presión. El saprisisismo vive en constante presión.
Sus derrotas son distintas a las de otros equipos, aunque sean igual de grandes. Repasen que Herediano pierde y no hay tanto sismo.
Repasen que la misma noche que cayó Saprissa ante Puntarenas, también perdió Alajuelense con Herediano e incluso, siendo más perjudicial el traspié de los manudos porque los sacó momentáneamente de zona de clasificación, no se dieron réplicas tan fuertes en las tiendas erizas como en las moradas, cuya dirigencia se encerró todo el jueves en procura de hallar soluciones al conflicto.
Esa larga serie de derrotas que han sufrido los cuatro grandes de nuestro fútbol en las últimas temporadas, porcentaje que para la Liga y el Saprissa creció en el presente campeonato, es un reflejo de que el fútbol se ha equiparado en todo el planeta y hay miles de ejemplos, pero también son consecuencia de crisis internas en los respectivos equipos como la que padece hoy el Monstruo, bien difícil de focalizar en un cuerpo de jugadores que parece contaminado mental y futbolísticamente y que no encuentra, a pesar de que lo intenta, un periodo de paz, fácil de disfrutar cuando se amarran resultados favorables y consecutivos. Imposible evitar la tormenta si se ganan dos partidos y enseguida se pierden otros dos.

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