Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 3 Noviembre, 2009



El empresario y el periodista.
Cuando se enfrentan de forma respetuosa y sin palabras, se produce lo más hermoso y apasionante de la profesión del verdadero periodista.
¡El periodista nace!
Cuesta muchísimo que se “haga”.
Profesión en la que sobreviven con éxito, solo quienes tienen vocación.
Pobres de aquellos que la estudian por ser la “más fácil”, por estar de moda o para “salir en la tele”.
Al primer cierre de edición quedan patas p’arriba.
Y qué frustración me producen los “periodistas” con horario, los que trabajan mirando al reloj, como burócratas.
La Serie Mundial de Béisbol no es un evento cualquiera y mucho menos si la juegan los Yanquis.
El pasado domingo, el partido número cuatro dio inicio a las 7 p.m. y, desde luego, se encendieron las luces de alarma en las gerencias de los medios escritos. Un juego de béisbol puede durar tres, cuatro o cinco horas, de manera que peligra el cierre de edición.
Y entonces, se producen el roce y la tensión.
El periodista trabaja, lucha y desea que se publique la historia completa.
Al empresario le interesa el cierre de edición. Cada segundo que se pasa del cierre, hay pérdida económica en su empresa.
Y, se inició el partido.
Filis contra Yanquis en Filadelfia, juego dramático y cerrado; van ganando los Yanquis 4-3 en la octava entrada, pero en las salas de redacción de los diarios ya hace rato que pasaron las 10 de la noche.
Y, empieza la presión.
Diseñadores, filólogos, el personal especializado de filmación, montaje, planchas, impresión y distribución, con todo derecho, quieren ir a dormir a casa “temprano”; el periodista busca el partido completo.
Empatan los Filis 4-4 en el cierre del octavo.
Se jodió la cosa; el juego puede alargarse.
Máxima tensión en la sala de redacción; las comunicaciones telefónicas entre empresarios, gerentes, director del periódico y el taller no cesan; el periodista, escondido en su cubículo, espera instrucciones.
Once de la noche; noveno episodio; Yanquis 5 Filis 4.
A un respetado colega de un medio, le sonó el teléfono: le ordenaron parar ahí. A mí no.
Conclusión: ayer LA REPUBLICA publicó la información completa, los colegas no. Comprendo la frustración del periodista amigo. Otras veces ha sido a la inversa.
En su periódico, esta vez, ganó el empresario; en el mío, gracias al empresario, venció el periodista.
Adrenalina pura; eso es periodismo; pero hay que sentirlo, no aprenderlo.

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