Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 28 Octubre, 2009



Una victoria del Saprissa esta noche tapa todas las tortas.
Los fanáticos son de instantes; no tienen paciencia para analizar, ni educación para reflexionar; además, ticos al fin, son de flaca memoria.
Si el monstruo se traga al león, a Jeaustin Campos le perdonarán los largos y malos ratos recientes y aquí paz y después gloria.
Se ha comentado hasta la saciedad el mal momento del Saprissa; lo considero más mental que futbolístico, de manera que en cuanto sus jugadores veteranos amarren un buen partido y saquen un buen resultado, todo volverá a la normalidad. Eso puede darse en la nueva edición del clásico si es que el cuerpo técnico les da la confianza a los experimentados del grupo y no tira a la guerra a los jóvenes.
Hoy es un partido para Núñez, Drummond, Cordero, Centeno, Pupy López, los dos Alonsos y Arrieta, más Keylor. Toca a los “viejos” del equipo lavarle la cara al grupo y ponerle maquillaje fresco al rostro de su entrenador.
No creo que esta noche Jeaustin se suicide con los juveniles, lanzados al combate contra los guerreros del sur, cuyas flechas a punto estuvieron de herir más de la cuenta.
Tampoco creemos que si Saprissa pierde el clásico, rodará la cabeza de su entrenador; sentimos a Jorge Vergara muy alejado de la zona de conflicto y todavía pensamos, quizá ingenuamente, que es él quien decide en cosas relevantes y no su numeroso cuerpo de delegados.
Ellos y nosotros sabemos que en el campeonatito local, basta un par de buenos marcadores para que un equipo salte del sótano a la cima y en ese sentido, el Saprissa, aun cayendo esta noche, tiene las puertas de la clasificación a la segunda fase abiertas.
Alajuelense, el rival de turno de los morados, ha presentado esta temporada un equipo a imagen y semejanza de su entrenador; o sea, simpático.
Contrario a la personalidad conflictiva de Jeaustin, generadora de anticuerpos, Marco Octavio Cerqueira atrae simpatías y ha plantado en el torneo un equipo por lo menos alegre y juguetón.
Apostó a tres centrales titularísimos: Marín, González y Palma; Oviedo firma el equilibrio; Pablo Gabas es la pieza vital del engranaje y la picardía de Argenis Fernández les inyectó a los manudos mucho del vértigo en ofensiva tan añorado en campañas recientes. No hay favorito; en los clásicos, los favoritos no existen.

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