Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 6 Octubre, 2009



Qué conste que escribo como fanático.
Siempre lo digo y nunca lo he negado.
Soy fanático de la selección de Italia, por sangre y de los Indios de Cleveland, supongo que por obsesión enfermiza que me hace seguirlos día a día, con religiosidad.
Ayer de nuevo los detractores de los campeones del mundo (cómo se les olvida a algunos), —y cómo disfrutan cada vez que Brasil nos golea—, dejaron en los archivos los pergaminos del fútbol italiano y en el Mundial en Egipto no dudaron en calificar a España como la favorita para liquidar a los inútiles futbolistas italianos, sacudidos por los anfitriones 4-2 en juego de grupo.
Los titulares de la prensa criolla fueron contundentes: “España y Paraguay favoritos en la segunda fase” (La Nación de ayer página 46) y es la verdad. Después de lo hecho por la furia roja en la primera fase, donde ganó tres partidos, metió 13 goles y no le anotaron, tenía que ser señalada como favorita.
Pero, ya vieron lo que pasó: se fueron eliminados España y Paraguay, estos, goleados por los coreanos del sur.
Los analistas costarricenses siguen sin encajar la cultura del fútbol italiano, potencia del fútbol europeo, junto con Alemania. Todavía y a pesar de su fútbol espectáculo Inglaterra, y sobre todo España, deben pagar derecho de piso y comer más zacate para superar los pergaminos y títulos de germanos e italianos.
En todo el universo, a ningún director técnico de fútbol le gusta enfrentar a Italia en Copas del Mundo y por algo será.
¿Será por lo que le sucedió ayer a España?
Escuché de nuevo las transmisiones de la televisión nacional, cargadas a favor de España, madre patria al fin, a punto de que ganaba Italia 2-1 y uno de sus delanteros pegó un remate en el poste, y el narrador se dejó decir ¡Se acaba de salvar Italia del empate!
Vi un partido controlado por Italia cuando estaban 11 contra 11, aunque por acá dijeron que España era mejor por posesión de pelota.
¿Cuándo les ha gustado a los italianos la pelota?
¡Nunca! Ellos la regalan, presionan, la recuperan y montan los mejores contraataques de fútbol en todo el mundo. Así ha sido siempre; qué les extraña. En fin; el fanático salta de alegría y otros, no aprenden las lecciones.

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