Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 1 Noviembre, 2007

Nota de Tano

Gaetano Pandolfo
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Como seguidor de Liga Deportiva Alajuelense me sentí muy feliz cuando el equipo fichó a Carlos Restrepo como director técnico. La firma de don Carlos llevaba paz y tranquilidad a un banco que se ha movido mucho y no siempre en el sentido correcto, después de los lamentables sucesos domésticos que terminaron con la presencia de Jorge Luis Pinto en el banquillo.
El paso de Restrepo por Pérez Zeledón fue espectacular; con los generaleños el colombiano aportó su carta de presentación. No tan brillante fue su trabajo con Brujas, aunque le alcanzó para mantenerlo flotando sobre las olas del mar, sin peligro de naufragio, aunque nunca en la cresta.
Una inmensa mayoría de manudos lo queríamos en la Liga y el deseo se cumplió; desde luego que ser entrenador del Alajuelense da al técnico una mayor exposición; Restrepo se sube a la vitrina del club que arrastra las pasiones de la mitad de la población y su trabajo queda expuesto a una multitud de seguidores.
Por ahora, aunque su trabajo apenas empieza, se da un saldo negativo en los renglones del éxito.
Nos hemos hallado con un Restrepo demasiado serio, demasiado científico, apegado a cánones tácticos y técnico estrictos, de decisiones cerradas, de trabajo excesivo, en los que ha enclaustrado a una muy buena nómina de futbolistas que parecen asfixiarse al no hallar espacios abiertos para la aventura en la cancha, la intrepidez técnica, la fantasía táctica.
Se dejan ver en los juegos de la Liga situaciones en las que parece que el jugador es “castigado” por no cumplir a rajatabla con lo ordenado en la práctica o con lo que se dibujó en la pizarra de los vestidores.
Alajuelense se retrata como un equipo amarrado, excesivamente táctico y nada imaginativo; muy ordenado para encerrar al rival en su esquema, pero sin ideas para zafarse de su propio planteamiento, panorama de juego que se ha desnudado hasta el exceso precisamente en las dos últimas ediciones del clásico, donde la Liga ha amarrado tanto al Saprissa que terminó por amarrarse ella misma.
Dos últimos partidos contra el Saprissa sin meter un gol comprueban esto y, lo más grave, que los involucrados en el asunto o sea, la mayoría de los jugadores y el cuerpo técnico rojinegro, han salido satisfechos con lo actuado, reconociendo don Carlos, únicamente, la falta de fuerza en el último cuarto de cancha.
Soy del criterio que por la nómina que tiene el Alajuelense, toca a Restrepo variar sustancialmente su manera tan científica de ver el fútbol y apreciarlo más como un juego que como una ciencia. Es hora de inyectar alegría y pimienta a jugadores precisamente pimentosos como Wallace, Myrie, “Mambo”, Gabriels y Cunninghan y permitirles volar en los partidos, para que aflore la fantasía que tienen, atrapada hoy en los ordenamientos tácticos cerrados de su timonel.