Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 5 Mayo, 2009



Para reflexionar.
Alejandro González, defensor central y capitán de Carmelita, está desocupado desde el mediodía del pasado domingo; ayer pensaba sentarse a conversar con su esposa sobre su futuro laboral y entre las pocas opciones está la de “piratear”.
“Ya lo he hecho anteriormente y no me fue nada mal”, dijo el número tres verdolaga a un diario nacional.
Tengo la impresión, luego de muchísimas temporadas de ver jugar a este treintón y espigado defensor del fútbol nacional, que con excepción del Deportivo Saprissa, los otros diez clubes de la primera división cuentan en su zona de retaguardia, con futbolistas firmados que no le llegan ni a la mitad de capacidad a Alejandro.
Básicamente la obligación de un defensa en un equipo de fútbol es defender; su posición en el terreno de juego así lo indica; desde luego que un defensor que además complementa su fútbol con buena salida, cuenta con vocación ofensiva y anota, mejor. Pero, lo primordial es defensa y Alejandro González a través de muchas temporadas se ha distinguido por eso: defender.
Como ha pasado el 95% de su carrera en clubes pequeños, su labor en zona de candela se agiganta pues es mucho más difícil, complicado y sacrificado ser defensor de equipo chico, donde hay trabajo extra en cada partido, que de un club grande, donde se prolongan en muchas fechas las vacaciones.
Me pregunto si de este Carmelita descendido solo son rescatables jóvenes como Michael Ortiz, Olman Vargas, Orlando González, Alejandro Víquez y otros, o también tienen derecho a que los vuelvan a ver y a tomar en cuenta los buenos “veteranos” del club.
Liberia Mía, por ejemplo, es un equipo que les cancela a varios de sus defensores cifras de seis ceros a la derecha cada mes y estos, en el fútbol criollo, no tienen la capacidad de un Alejandro González, un Omar Royero e incluso un Roy Ramírez, lateral derecho y comodín al que me voy a quedar con las ganas de ver jugar en otro equipo.
Con muy poca visión, escasa capacidad analítica y mucho el dejarse llevar por la costumbre y la opinión errada de los demás, dirigentes rechazan a priori fichar jugadores maduros, baratos y de buena calidad, solo porque juegan en un equipo pequeño.
Los etiquetan de malos porque juegan en equipos “malos”; concluyen que un equipo malo “a huevo” tiene que estar integrado por futbolistas malos, pero el asunto no es así, ni va por ahí.
Me atrevería a pronosticar que jugadores como estos tres que he nombrado: González, Royero y Ramírez, y otros más que defienden clubes chicos, se pueden lucir perfectamente en equipos de la parte alta de la tabla.
Tienen condiciones y por lo que han demostrado en decenas de jornadas en defensa de equipos que son atacados por el contrario desde el minuto inicial, más se van a lucir jugando en compañía de defensores que se uniforman con clubes que habitan la cima, donde en retaguardia, la vida es más sabrosa.

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