Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 9 Enero, 2009

NOTA DE TANO


Dicen que en la trinchera no hay ateos.
Qué ganas de haber estado ayer durante el meneón, al lado de quienes se vanaglorian de esa creencia, que se debe respetar, pero lleva mucho de ego el estar publicitándola.


Uno no le anda diciendo a todo el mundo que es católico, posición contraria sobre todo en el gremio de los intelectuales, que, aunque sean de paquete, gustan el estar manifestando su “doctrina”.
El fondo es muy sencillo: ellos son tan inteligentes que no pueden creer en las tonteras que nos recetan otras religiones.
¿Quién se va a tragar el cuento de que a don Adán le sacaron una costilla y formaron a doña Eva? Ese es mensaje para tontos, no creíble para quienes niegan la existencia de Dios.
Por eso los terremotos, huracanes y tsunamis igualan al ser humano y lo equilibran en su justa medida; como la muerte. Cuando ayer miles de compatriotas salieron despavoridos de casas, empresas, edificios, galerones, playas, montañas, tugurios, puentes y fincas de recreo, en la desbandada no había pobres y ricos.
¡Qué tiempo hay acaso de abrir la billetera!
Pero, gracias a Dios y a la Virgen María que muchos podemos orar; rezar y de rodillas pedir, con la enorme fe de que nuestras súplicas para que se paren los temblores, serán escuchadas por El.
Y que se haga su santa voluntad, porque igual te saca del infierno del alcoholismo como lo hizo conmigo, como puede ser que la Madre Naturaleza tenga sus propios designios y eleve la cuota del dolor y el sufrimiento.
Los extremos se aceptan.
En las instalaciones del Costa Rica Country Club, ayer al mediodía, los mejores tenistas juveniles del mundo, muchos nacidos en países donde los movimientos telúricos son prácticamente desconocidos, corrieron y gritaron asustados al instante del meneón. Al carajo el ranking y los premios; corran y sálvese el que pueda, por eso, la estrecha puerta del restaurante donde almorzaban las raquetas a la hora del susto, igualó en la fuga a los mejores del mundo, con los peores.
Ni Ultra, ni Garra, ni Doce; el terremoto los unió en el susto a todos, mensaje claro, nítido, apabullante de la Madre Tierra que reclama a su manera la destrucción del planeta que cada minuto ejecutamos los hombres, con nuestras acciones suicidas en contra de la Naturaleza.
Gracias a Dios que millones de millones de seres humanos, anoche pudimos rezar, suplicando por el cese de los temblores; respeto enorme para aquellos que aferrados a otras religiones y creencias no lo promueven.
Ayer, después del repetido susto, por suerte, miles pudimos acudir a nuestra cita con un Poder Superior, único capaz de detener la tormenta.
¡Qué difícil, digo yo, deber ser, tras el terremoto, no poder rezar, no poder orar, no poder suplicar, no poder pedir… a nada, ni a nadie!

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