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Lunes, 10 de diciembre de 2018



FORO DE LECTORES


No hay viento a favor para quien no tiene rumbo

Álvaro Gómez [email protected] | Jueves 11 octubre, 2018

No hay viento a favor para quien no tiene rumbo.

Álvaro Gómez, ingeniero industrial, experto en finanzas

He escuchado a quienes adversan el plan fiscal, así como a quienes lo apoyan.

En ambos casos y limitándose a la discusión que les ocupa, puede uno encontrar algunas razones con las que podría coincidir, unas en más medida y otras en mucho menos.

Es cierto que el plan es imperfecto y carece de elementos que a uno le hubiera gustado observar incluidos; sin embargo, ninguno de los que están a favor o en contra, discuten sobre el tema que para mí es más importante.

¿Cómo aumentar la producción y la productividad en el sector privado, motor de la economía?

Mientras la economía siga decreciendo, las tasas de interés internacionales aumentando, y el petróleo también aumentando de precio, no va a haber plan que resuelva el problema integralmente, así que de una u otra forma toda esta discusión será superficial y quizá hasta estéril, mientras no se aborde en forma puntual, pragmática y eficaz cómo crear las condiciones para que el empresariado produzca más y mejor en un ambiente de reglas de juego claras, operativas y legalmente hablando.

La tela de araña y piedras en el camino que las empresas deben pasar para lograr el objetivo de producir más, más barato y en forma rentable es casi un objetivo inalcanzable y solo para locos y valientes, y así será de limitada la posibilidad de creación de empleos.

Solo para mencionar algunas de esas trabas o piedras en el camino:

1.) El tiempo requerido para obtener permisos ambientales.

2.) Los sinsentido de la nueva ley de reforma procesal laboral, que fomenta la mediocridad y pone camisas de fuerza al empleador, con lo cual resulta mejor automatizar y robotizar la operación de las empresas, y en el peor de los casos establecerlas en otro país donde se pueda avanzar más velozmente y con menores costos directos e indirectos.

3.) Las elevadas cargas sociales e impuestos de renta, municipales, cargas indirectas, parafiscales y otras y que pareciera no se devuelven a la sociedad en mejoras a la infraestructura y mejores servicios de salud, de seguridad ciudadana, entre otros. 

4.) El acceso a servicios de Internet de primer mundo, donde con frecuencia vemos caídas en el servicio, lentitud y dificultad para poner reclamos por parte de los usuarios, aún en régimen de competencia.

5.) La dificultad para obtener créditos para capital de trabajo, inventarios, cuentas por cobrar y por pagar, sin garantía real, donde uno de los casos típicos son las empresas de tecnología, desarrollo de aplicaciones, venture capital, empresas agrícolas de productos perecederos y aún de no perecederos, de investigación y en general de producción de servicios donde el capital humano es más relevante y donde los bienes raíces no lo son, siendo en este último caso lo que por lo general las entidades bancarias piden como garantía, y donde al empleado bancario se le llena de temor o de apertura de procesos administrativos por asumir riesgos distintos a cero y que por lo general provoca que el funcionario suba en la escala piramidal de dichas instituciones las decisiones difíciles o incluso las sencillas para que estos después las trasladen en su mayoría a los departamentos legales, aun cuando no se trate de decisiones legales, sino de orden comercial o administrativo. Ya nadie quiere tomar decisiones so pena de errar y para después de muchos meses de indecisión, se le diga no al solicitante, en vez de decírselo de una vez al inicio de la gestión.

Las coimas que tanto los que las piden como los que las otorgan hacen que el proceso de adjudicaciones y apelaciones sea lento y tortuoso, de meses o años y en algunos casos hasta de desistir del proceso para evitar dolores de cabeza.

6.) La escasa y mal orientada formación escolar, colegial y universitaria en las nuevas tendencias científicas y de nuevas tecnologías aplicadas a la producción e innovación. Todavía observamos universidades dando cursos de carrera sobre cómo aprender a usar herramientas de Microsof office, excel, word, powerpoint, o cursos de inglés varios a muchachos graduados de escuelas y colegios bilingües. No en balde deciden muchos abandonar.

7.) La permisividad existente con el contrabando, evasión y elusión, que hacen que una empresa que actúa a derecho no pueda competir en igualdad de precios respecto a aquellas que contrabandean, evaden o evitan impuestos y cargas sociales, fomentando el “dumping” y la competencia desleal.

8.) La falta de visión de futuro, cuando pretendemos paralizar el desarrollo de futuro que ya hoy día es el presente, para evitar el acceso o ponerles trabas a plataformas como Uber, Netflix, y otras muchas, como si pudiéramos detener el avance de estas tecnologías quedándonos en la edad de piedra.

9.) Nuestra incapacidad para realizar expropiaciones para el desarrollo de obra pública posponiendo obras por años y décadas, gracias a portillos legales o al dueño influyente de la propiedad a expropiar.

10.) La falta de interés en remozar el mercado de capitales, permitiendo la toma de riesgo a quien lo desee, gracias a regulación sobreproteccionista y de toda forma ineficaz y costosísima. 

Arriesgar es especulativo, especulativo es pecado, con lo cual los empresarios y ciudadanos que arriesgan son pecadores, y así creamos una cultura paternalista de castigo a la innovación y a la toma de riesgos y al emprendedurismo necesarios para el desarrollo.

Y a esto sumarme lo que no estoy en capacidad de conocer ni entender, al no conocer en detalle cada uno de los problemas individuales por los que atraviesa cada sector de actividades económicas específicas, que podrían abundar en argumentos y razones de sus dificultades individuales para producir y crear riqueza.

Ahora bien, yo estoy más que de acuerdo con que hay que reducir el costo vinculado a los excesos en el gasto público, a los excesos y privilegios en materia de pensiones, pero también a reformar el régimen de IVM para que también tengamos pensiones justas y dignas y no de miseria, como en la actualidad, y en este sentido el Estado debe dejar de utilizar estos regímenes para obtener recursos con tasas por debajo del mercado, e invertir con inteligencia los recursos que aportamos los ciudadanos, con eficiencia en la gestión y costo de llevar a cabo dicha gestión, para que la rentabilidad obtenida no se vaya en pagar excesos en los gastos de administración.

Estoy de acuerdo con que muchas instituciones a través de sus convenciones colectivas se les ha ido la mano y ahogan sus propias instituciones, tal como participación en las utilidades, salarios escolares a quienes no los requieren, dedicaciones exclusivas, bonos e incentivos, anualidades y otros, en vez de aplicar modelos de salario único.

Estoy en contra de que se utilicen las utilidades de los bancos del Estado para financiar Infocoop, la Caja, la Comisión Nacional de Emergencia, Conape, y que además de ello enfrenten el pago de impuesto de renta, con lo cual las estamos llevando a un barranco del que no podrán salir y seguiremos tildándolas de ineficientes (que lo son) pero por otras causas, pero agravado por sus parafiscales también, agregándoles que deben operar en ambiente de competencia amarradas de un grillete que se los impide. Y debo aclarar que no las defiendo en su burocracia interna pero sí las defiendo en el lastre que no debió ponérseles para que puedan competir en igualdad de condiciones.

Lo mismo sucede con las operadoras de pensiones públicas, que por ley les obligamos a distribuir el 50% de sus utilidades, no así a las privadas, (como burro amarrado contra tigre suelto) con lo que resulta que no contribuyen como deberían al pago de impuestos de renta, como pudieron hacerlo si no hubieran tenido que regalar el 50% de las utilidades. 

De eliminarse ese 50% se podría además eliminar la exención que en materia de inversiones gozan y que hoy día causa una gran distorsión en la formación de precios de mercado y que al final la paga la Hacienda Pública en tasas brutas y no netas del impuesto a las inversiones y que ahora ya no será del 8% sino del 15%, es decir aumentamos la exención y aumentamos la distorsión, a favor de unos y en contra de otros. ¿Y no era que debíamos recolectar más y reducir exoneraciones?

No creo en los impuestos regresivos y tampoco en los progresivos, creo en una tasa de impuesto única (flat) pero sí creo en el impuesto global y universal.

No creo en el impuesto a las ganancias de capital, porque desincentivan la compra y la venta en actividades comerciales, mejor no vendo porque me “clavan”, siendo así debo subir los precios para compensar, pero ¿quién me compra? Un ejemplo de ello es la actividad inmobiliaria a la que veremos castigada.

Resultado: menos actividad comercial, menos rotación, menos negocios. 

No creo que debamos obsesionarnos en hacer más pobres a los ricos, (por que resulta en el argumento vendible políticamente) más bien nuestra obsesión debería centrarse en hacer más ricos a los pobres, para que más consuman, y para que las empresas vendan más, inviertan más y contraten más. Fortalecer la clase media, para evitar polarizar la sociedad en los extremos de ricos y pobres.

Así las cosas y opinando como un simple ciudadano, este país debe trabajar en un cambio de cultura de mayores valores, de educación en emprendedurismo, innovación y honestidad. De largo plazo dirían algunos, pero así es, toma tiempo, sí.

Se premia al que evade no castigándolo, se castiga al que legalmente produce no castigando al que evade, se premia al ladrón no metiéndolo a la cárcel y peor aún sacándolo de ella y se castiga al hombre honesto obligándolo a vivir tras las rejas de su propia casa.

No hay quien quiera producir si le roban su cosecha, si el cuatrero le destaza su ganado en la finca, o si al ladrón que se mete a tu casa no le pasa nada y se le deja libre. 

¿Con factura o sin factura?