Alejandro Madrigal

Alejandro Madrigal

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Viernes 26 Enero, 2018

Mi caso a favor del PAC

Enero ha sido un mes diferente para el candidato oficialista Carlos Alvarado. Su visibilidad y alcance de su mensaje ha aumentado enormemente y ha resonado entre muchos sectores de la población que han empezado a considerarlo y a darle su apoyo. Con el notorio crecimiento de un peligro llamado Fabricio Alvarado, quienes creemos en un país más justo e inclusivo podríamos tener alternativa por la cual inclinarnos.


Carlos Alvarado representa una nueva generación de gente que pretende seguir limpiando el aparato público y el ejercicio político en general; al igual que José María Villalta, a quien apoyé hace cuatro años y pienso apoyar nuevamente en la papeleta de diputaciones de San José como un necesario aliado para el PAC. Gente joven que está harta de las prácticas tradicionales de los partidos de siempre, como el PLN o el PUSC, y que saben que el gobierno debe estar orientado a servir y no a servirse.

El PLN y el PUSC, además de la interminable lista de casos de corrupción que han manchado a tantas de sus figuras que siguen siendo hoy parte sus filas, nos acostumbraron por años a un modelo de desarrollo que ha disparado la desigualdad y reproducido la pobreza y la criminalidad. Políticas fiscales muy laxas que durante años han provocado que la nueva riqueza generada año con año se acumule cada vez en menos manos. Un plan de incidencia sobre la pobreza que la perpetúa y la hace crecer, totalmente asistencialista y sin un plan de verdadera inclusión social ni de generación de oportunidades para quienes carecen de hogar, empleo, educación o salud. Lo cual, como sabemos, termina desencadenando los niveles de criminalidad que sufrimos. También recetaron apertura comercial durante años, sin un plan paralelo para mejorar la competitividad del país, de nuestros productores, en términos de herramientas educativas, acceso a créditos, condiciones productivas y apoyo estatal. Generar apertura por el simple afán de atraer inversiones y de engrosar ganancias de ciertos sectores, de forma desordenada y sin planificación paralela para sacar provecho de ella, se traduce en la pérdida de fuentes de empleo y de producción. A esto veníamos acostumbrados.

Hoy estas tendencias están cambiando. El gobierno actual ha tratado y logrado dar una vuelta de timón en este sentido, y atacar los problemas del país desde una óptica distinta. Y los indicadores macroeconómicos lo confirman: por primera vez en muchos años, los niveles de pobreza y pobreza extrema se han reducido y aunque algunos digan que dos puntos porcentuales sea poco, eso representa cientos de miles de familias que hoy viven mejor. Lo que demuestra que Puente al Desarrollo es una estrategia que funciona y ha dado resultados que las estrategias anteriores no. De igual forma, y como resultado en gran medida de la política anterior, es la primera vez en mucho tiempo que los niveles de desigualdad se redujeron y que como país estamos logrando no solo favorecer a los que más tienen, sino que además, los que menos logran ver parte del crecimiento económico del país, el cual valga la pena recordar, sigue siendo por mucho superior al de la mayor parte de América Latina. La inflación se mantiene estable y baja; la colocación de banca para el desarrollo, el gasto público en educación y la llegada de turistas son cifras que han crecido sustancialmente. La tasa básica pasiva se ha reducido, ha habido reducciones enormes del gasto y ciertos beneficios excesivos que implicaban varias convenciones colectivas en el sector público (que gracias al PLN es sumamente difícil renegociarlas a la baja), y en materia fiscal se ha logrado hacer más eficiente la recaudación del Ministerio de Hacienda y reducir el crecimiento del gasto público, el cual tiene casi un 90% de su comportamiento y distribución amarrado a leyes que hacen que salga del margen de acción del Poder Ejecutivo. La Inversión Extranjera Directa sigue llegando con fuerza al país buscando nuestro talento humano y el Índice de Competitividad de Costa Rica ha hecho escalar a Costa Rica, según el Banco Mundial. En muchos de estos logros el trabajo de Carlos Alvarado y su equipo fueron indispensables.

Y no pretendo quedarme solo en lo económico. En temas sociales el paradigma hoy día es otro con respecto al de hace cuatro años. Hoy el diálogo con los sectores sociales es abierto, transparente y de respeto. Este gobierno profundizó el esfuerzo del exministro Garnier de implementar la educación para la sexualidad como un derecho de los jóvenes de secundaria, como una herramienta de instrucción necesaria para evitar abusos, violencia, matonismo, transmisión de infecciones y embarazos no deseados; todos siendo problemas asociados y causantes de pobreza y exclusión social. Hoy a las personas privadas de libertad se les respeta un poco más su dignidad humana y se ha empezado a romper el esquema punitivista de cárcel como revancha y venganza, para migrar a un esquema de corrección y reinserción social. Donde quienes cumplen una pena tengan oportunidades educativas y de empleo que no los lancen a delinquir nuevamente, esto como única forma exitosa de efectivamente disminuir los niveles de criminalidad en el mediano y largo plazo.

Este gobierno es el primero en hacer un esfuerzo real por que las personas gais, lesbianas y trans dejemos de ser ciudadanos de segunda categoría, sujetos a las mismas obligaciones, pero a menos derechos; sino que caminemos hacia una sociedad moderna, justa e inclusiva (como aquellas de países con mayores niveles de desarrollo), libre de prejuicios por orientación sexual o identidad de género, sino llena de respeto para todas las personas por igual.

Han ejecutado más de 1.300 obras de infraestructura, muchas de ellas que llevaban años de estar varadas; se procedió al pago de deuda del gobierno con la CCSS, se regularon los tiempos en FONABE, se digitalizaron las citas en el IMAS y EBAIS y se trajeron diez aerolíneas nuevas al país. Y a pesar de que les tocó gobernar con una fracción de diputados tan pequeña, a nivel legislativo se logró la aplicación de ley de tope a pensiones de lujo, ley de fortalecimiento del INCOFER, la de estímulo al transporte eléctrico y la aprobación de la ley contra el maltrato animal, entre otras leyes más que necesarias.

¿Deudas? Quedan muchas. Estos cuatro años quedan manchados por el complejo caso del cemento chino, que terminó involucrando a personas no solo del oficialismo, sino del PLN, del PUSC, del ML, de los demás poderes de la República y del BCR. Un presidente mal asesorado que se rodeó de personas muy cuestionables que deberán responder por lo que pudieron haber hecho, como el diputado Morales Zapata. Tengo la tranquilidad de que ahora que el Ministerio Público también sufrió su propia limpieza, no habrá impunidad para ninguno de los implicados; y que esto no impedirá que el PAC y Carlos Alvarado sigan en su esfuerzo por limpiar el aparato público. Eso no se logra en cuatro años. También quedan otros muchos temas pendientes, como en mayor generación de empleo, mayor incidencia sobre la pobreza extrema y mayor efectividad del gasto público en educación para ver mejores resultados. Un gobierno no puede aspirar a lograr todo en cuatro años, pero sí debe aspirar a entregar un país mejor del que recibió, no solo de forma cuantificable, sino en nuestra calidad como sociedad. Pero eso es una labor de todos.

Me queda clarísimo que Carlos Alvarado tiene el nivel de autocriticidad para distinguir las deudas y fallos que hubo estos cuatro años y corregirlos, además de profundizar los aciertos, que son numerosos y que no vale la pena echar atrás. Menos hoy, ante la amenaza del retorno de los partidos más tradicionales y desgastados de Costa Rica y que tanto daño han hecho; y de candidatos que utilizan argumentos demagógicos autoritarios y religiosos, que pretenden manipular a la población ya sea con la mentira de la mano dura y o con sus creencias religiosas. Esta campaña ha demostrado rostros muy desagradables de muchos políticos, que están dispuestos a decir lo que sea con tal de pescar más votos. Debemos tener la claridad y capacidad de distinguir esos discursos, y de votar con la cabeza fría, con responsabilidad, pensando en el país y en el futuro.