La cocinera sancarleña María Jiménez Madrigal no habla primero de técnicas ni de reconocimientos cuando describe su cocina. Habla de agricultores, de mujeres que trabajan la tierra y de los productos que dan identidad a cada plato.
Desde el hotel Fondavela, en Monteverde, la chef ha construido una propuesta gastronómica que combina productos de temporada, sabores criollos y una mirada contemporánea sobre la cocina costarricense.
Profundamente apasionada por la gastronomía nacional y sus raíces, Jiménez ha desarrollado su carrera en restaurantes como Don Rufino, Silvestre y Sikwa.
En esos espacios descubrió el valor del producto local y la importancia de reconectar con las tradiciones que marcaron su infancia.
Las recetas de su abuela y de su madre siguen presentes en su forma de entender la cocina. Para ella, la creatividad y el respeto por los ingredientes permiten elevar la gastronomía costarricense sin perder su esencia.
Esa filosofía quedó reflejada en uno de los platillos que presentó recientemente, hecho con ingredientes locales y técnicas que aprovechan cada parte del producto.
La preparación combina una jiba curada en salmuera durante casi 24 horas, ahumada con pino y ciprés y cocinada al vapor durante 12 horas.
El plato se complementa con un tartar de carambola proveniente de una finca de Monteverde.
La fruta llega desde la finca de Hermida, productora que ha dedicado años a reforestar una antigua propiedad ganadera con árboles frutales y especies nativas.
“Sin el producto, sin el productor, sin los agricultores, nosotros no podríamos trabajar, y creo que a muchos chefs a veces se nos olvida que somos dependientes de otras profesiones”, afirmó Jiménez.
Para Jiménez la gastronomía tiene la responsabilidad de visibilizar a quienes están detrás de cada ingrediente y fortalecer los emprendimientos de comunidades rurales.
Su visión está marcada por una perspectiva femenina de la cocina, donde el cuidado, la sensibilidad y la capacidad de nutrir ocupan un lugar central.
“Seguir representando la gastronomía costarricense desde ese ojo femenino, que creo que es muy sensible, muy humano”, comentó.
Además de impulsar a productores locales, trabaja en la formación de equipos capaces de asumir nuevos desafíos y aportar ideas propias dentro de la cocina.
“Aspiro a seguir impulsando y apoyando ese tipo de proyectos, y también seguir empoderando al equipo para tengan más iniciativa”, expresó.
En Monteverde también participa en el crecimiento del Restaurante Origen, proyecto gastronómico de Fondavela que busca ofrecer experiencias ligadas al territorio y a la identidad costarricense.
Reconoce que todavía quedan metas por alcanzar, pero asegura que cree en la visión del hotel y en la filosofía de trabajo que promueve el bienestar colectivo.
A futuro, aspira a ampliar su experiencia en cocinas europeas y conocer modelos gastronómicos que integren sostenibilidad, producción propia y conexión con el entorno.
Entre sus referentes destaca a la chef salvadoreña Maru Molina, impulsora de Finca Sylvestris, una pequeña finca regenerativa ubicada en las laderas del volcán de San Salvador, donde combina producción agrícola y experiencias gastronómicas.
Ese modelo inspira uno de sus mayores sueños: desarrollar una finca sostenible donde la producción de alimentos, la transformación de ingredientes y la experiencia culinaria convivan en un mismo espacio.
“Hay que seguir soñando. Yo creo que no solamente soñar, también trabajar mucho, fuerte, y creo que ahorita están habiendo bastantes frutos de ese trabajo”, concluyó.