En el Mundial de 1986, Diego Armando Maradona se “echó” a la selección de Argentina al hombro y la condujo al título.
Su partido contra Inglaterra fue memorable, en mucho por el gol del siglo, que anotó luego de dejar botados como pines de boliche a varios defensores ingleses y también lógicamente por su gol ilegítimo que anotó, dijo, con “la mano de Dios”. El gol lo dieron válido, Argentina derrotó a Inglaterra y en una cancha de fútbol se “sacó el clavo” de la guerra de Las Malvinas, en la que jocosamente los mismos argentinos manifiestan que quedaron subcampeones.
Con Lionel Messi, y en este Mundial sucede lo contrario a lo acontecido con Maradona.
La selección de Argentina, campeona del mundo, juega para Messi. Todo el equipo está estructurado para que uno de los mejores futbolistas del planeta, o quizá el número uno, se luzca. En México 86, Diego se tuvo que multiplicar y sacrificar para que Argentina ganara el título.
En el Mundial de Qatar, finalmente Lionel Messi pudo ganar el título que le faltaba en su brillante trayectoria: ser campeón del mundo. Injustamente, por no utilizar otro calificativo más grueso, miles de atontados fanáticos manifestaban que Messi no era el mejor futbolista del universo, porque no había sido, como Pelé, campeón del mundo. En Qatar 2022, Lionel se subió al podio de los monarcas, alzó la Copa del Mundo, se liquidaron muchos traumas y cuatro años después, vemos al capitán argentino distendido, fresco, relajado, alegre e incluso juega y sonríe, algo imposible de retratar en Mundiales anteriores.
Si analizamos los dos juegos de la selección de Argentina en este Mundial, su victoria 3-0 contra Argelia con triplete de Lionel y su triunfo 2-0 frente a Austria, con doblete de Messi, fácil comprobar cómo los diez compañeros de turno del capitán en cancha, juegan para que se luzca. Lo buscan, le sirven pases con ventaja, incluso, algunos no rematan a marco para crear peligro y esperan a que el 10 se acerque a los linderos del área y sea él quien remate y anote.
Han pasado cuarenta años, desde que Diego Maradona, casi que solito, condujo a la Argentina al título 1986. En ese Mundial, Diego anotó 5 goles e hizo 5 asistencias.
En este Mundial, ya Messi suma cinco goles en solo dos partidos y esto marca la diferencia. Los campeones del mundo, juegan para que su capitán se luzca pero además, a don Lionel, le sobran brillos propios.





































