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Con Sumo
Maltrato al consumidor

Carmen Juncos
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La apertura de mercados, un hecho económico que trae aparejados cambios en todo el mundo, genera una mayor necesidad de adaptación en la cultura de las personas de los países menos desarrollados, y me refiero, entre otras cosas, a un cambio en la actitud de los consumidores.
Estos deberán tomar conciencia de la nueva amplitud de la oferta de productos y servicios entre los que puede elegir, del poder que se deriva de su oportunidad de decidir en ese amplio panorama y de que debe volverse muchos más informado y exigente.
Para tomar solo un ejemplo de las múltiples formas en que, como consumidores, podemos resultar maltratados, citaré la de cómo nuestro tiempo, una maravillosa propiedad de valor incalculable, es capturado por algunas instituciones estatales y empresas privadas que, por mal servicio, abuso o simple ineficiencia, nos lo roban.
Este es el caso de cuando usted (seguramente le ha ocurrido en algún momento) llama a una entidad porque necesita exponer un problema que se presenta en el servicio que esta le ofrece y lo único que escucha del otro lado de la línea telefónica que se supone que está para eso es un ya clásico “todos nuestros operadores están ocupados en este momento”, o un menú que no le lleva a ninguna parte.
En otros casos, una voz amable le da un pésimo trato cuando le dice que pronto será atendido y en realidad usted empieza a perder su tiempo y su buen humor escuchando una grabación publicitaria que no pidió escuchar sobre las bondades del servicio y la gama de nuevos productos que esa entidad ofrece.
En ambos casos, y en muchos otros que probablemente usted puede tener en mente en este momento, lo que hay es una mala atención al consumidor y un abuso inaceptable al tratar de utilizar su valioso tiempo y una llamada que usted pagará para pasarle un aviso publicitario que, eso sí, puede generar el efecto contrario al deseado.
Todo esto solo puede cambiar mediante la toma de conciencia de los consumidores y una actitud más exigente en cuanto a sus derechos.
Ese cambio no perjudicará a nadie. Por el contrario, mejorará la calidad de los productos y servicios, la calidad de vida de los consumidores y, en general la capacidad del país para comportarse a la altura de los tiempos con feliz resultado.
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