Para participar en las elecciones a los partidos políticos se les exige, para su inscripción, desde hace varios procesos electorales, la presentación de un Programa de Gobierno. Antes no era tan rigurosa esa exigencia aunque algunos partidos, principalmente los principales del bipartidismo, elaboraban sus Programas, que editaban en folletos bien presentados.
Esos programas son, si se quiere, una propuesta de buenas intenciones para impulsar desde el gobierno, o más precisamente desde el Poder Ejecutivo, con las acciones de los ministerios, o desde el Poder Legislativo, con propuestas de leyes específicas de conformidad a la visión que en esos partidos, y sus principales candidatos, especialmente el presidencial, tienen sobre el desarrollo inmediato y futuro del país, en caso de que les toque ejercer la Primera Magistratura e impulsar el Gobierno como equipo de trabajo.
Los Programas en este sentido son una visión general, y específica, en algunos campos, sobre la situación del país en la que se quiere actuar, para tratar de resolver problemas y para trazar la ruta que el siguiente gobierno tiene del desarrollo nacional, sin salirse disruptivamente de lo que estructuralmente funciona como sistema económico nacional. En el programa que se exige a los partidos políticos se obliga a una declaración de defensa del sistema democrático nacional.
Aunque válida es la exigencia que se les hace a los partidos políticos de su propuesta programática, en la realidad choca con la dinámica institucional que está en marcha desde antes de los procesos electorales, que está durante el proceso electoral y su resultado, y especialmente está sobre el primer año de ejercicio de cualquier gobierno, aunque desde el 2022 se abrió una ventana en la posibilidad de actuar inmediatamente sobre las ofertas, promesas electorales y planes de gobierno.
Antes de la elección del 2022, del actual Gobierno, todos los partidos que llegaban a la Presidencia de la República se encontraban maniatados de actuación inmediata.
El Presupuesto Nacional de la República, del año se aprueba en la Asamblea Legislativa al finalizar el mes de noviembre. Así, por ejemplo, el Presupuesto Nacional del próximo año 2026 se aprobará en los próximos días, presupuesto que empezará a ejecutarse a partir de 1 de enero.
Las elecciones presidenciales son el primer domingo de febrero, en su primera ronda, y el primer domingo de abril en su segunda ronda, en caso de que la haya. Lo que se defina en resultado presidencial hará que el nuevo Presidente asuma el cargo el 8 de mayo del 2026, cuando han transcurrido prácticamente cinco meses del año, y del presupuesto que ya está en ejecución.
Antes del 2022, el presidente electo se encontraba con esa situación, sobre la cual no podía actuar directamente. Tenía que esperarse al mes de agosto, que se programaban las sesiones extraordinarias de la Asamblea Legislativa, para ver la posibilidad de hacer alguna reforma presupuestaria de su interés. En caso contrario tenía que esperarse hasta noviembre en que se aprobaba el presupuesto del siguiente año, donde se presumía que el Presidente y su equipo de gobierno podía influir para marcar el rumbo presupuestario del siguiente año, que sería el segundo de su gestión, suponiendo que desde mayo que entra el Presidente al Gobierno empieza a definir el presupuesto del siguiente año.
Consecuentemente con ello, cualquier oferta, promesa electoral o Plan de Gobierno ofrecido en la campaña electoral no se podía cumplir ni ejecutar, porque la dinámica del desenvolvimiento institucional se imponía. Esto fue una de las causas profundas que provocaban el desánimo de los votantes en sus candidatos presidenciales, en sus presidentes, en sus partidos gobernantes, desánimos que se han arrastrado por años de años, y que seguirá afectando en mucho a los votantes, mientras no hayan, o no se vean, acciones directas del Poder Ejecutivo, que puedan impulsarse por la vía de los Decretos, y no por las Leyes.
Antes del 2022 los gobiernos entraban, a partir de mayo, junio y julio, y luego, agosto, setiembre y octubre con las llamadas sesiones ordinarias legislativas en las cuales la iniciativa de ley descansa solo en los diputados y sus fracciones partidarias. De esa forma el Poder Ejecutivo tenía muy poco margen de maniobra para impulsar sus leyes. Lo podía hacer en agosto y luego a partir del mes de diciembre hasta abril siguiente, y cuando hay elecciones, generalmente el mes de enero la Asamblea Legislativa entra en receso parlamentario, como va a suceder a partir de diciembre.
Por otro lado, el presupuesto del siguiente año se empieza a elaborar, en las instituciones correspondientes desde el mes de marzo, de manera que cuando se llega al mes de noviembre el Presidente que entra casi no tiene márgenes de acción. Y en mayo, cuando ha asumido su gobiernos, el presupuesto ya lleva casi tres meses de preparación para su aprobación en noviembre.
De esta forma, para el próximo año, cualquiera que llegue a la Presidencia se encuentra el Presupuesto Nacional del 2026 como lo ha hecho y proyectado el presidente Chaves, con pocas posibilidades de modificarlo, y con cinco meses de ejecución. Al próximo presidente le corresponde administrarlo y ejecutarlo.
Si ganara las elecciones Laura Fernández, se podría suponer que habría continuidad de políticas. Si gana otro candidato, opuesto a los lineamientos económicos del actual gobierno, tiene que aguantarse lo que dejará el presidente Chaves presupuestariamente para el 2026, hasta que en noviembre del próximo año pueda aprobar el presupuesto del 2027, que empieza a armarse desde marzo y abril del 2026, cuando aún el nuevo presidente no ha asumido. Así de simple.
Desde el 2022 empezó a funcionar una inversión de las sesiones parlamentarias, de manera que en mayo inician las sesiones extraordinarias, donde el Poder Ejecutivo tiene la iniciativa de Ley, es el que debe presentar Proyectos de Ley a discusión parlamentaria. Estas sesiones desde ese año funcionan alternativamente por tres meses entre las extraordinarias y ordinarias.
El año parlamentario, a partir del 1 de mayo del 2026, se inicia con las Sesiones Extraordinarias, donde el presidente que resulte electo debe tener lista sus propuestas legislativas. De funcionar esto adecuadamente poco a poco los presidentes podrán ir cumpliendo mejor sus ofertas y promesas electorales. De nuevo, de ganar Laura Fernández puede continuar las políticas del actual presidente. Si pierde, el reto principal lo tendrá quien gane las elecciones para presentar una serie de Proyectos de Ley que reorienten el país, y una serie de Decretos Ejecutivos, de inmediata aprobación, el mismo día en que el presidente se juramente, en la misma dirección, que tracen el nuevo camino a seguir y reconstituya la confianza ciudadana en el Mandatario.
Mientras esto no suceda, desde este punto de vista los Programas que los partidos políticos presentan ante el Tribunal Supremo de Elecciones son un canto a La Luna. No se discuten porque son literalmente utópicos. No se discuten porque la inmensa mayoría de los candidatos no tiene una visión global del país, de sus problemas principales, ni del entorno geopolítico que estamos viviendo.
En las entrevistas que se les hace a los candidatos vemos estas falencias, estos vacíos. Sobre todo destaca el desconocimiento que tienen sobre el Presupuesto Nacional para dar sus respuestas. Pero, digámoslo francamente. Los candidatos no están obligados a dar esas respuestas con precisión. Basta que señalen los principales problemas, que quieren enfrentar y tratar de resolver, que agobian a los ciudadanos y al pueblo en general. Necesitan enamorar a los votantes con su mensaje de que con ellos, con sus propuestas, se van a tocar y atender esos problemas, que se quieren resolver de llegar al gobierno. Ni los entrevistadores manejan los detalles de los presupuestos ni de los programas que presentan los candidatos. De esa forma se evidencian las trampas en que hacen caer a los candidatos, con las preguntas que les hacen, cuando son preguntas desconocidas para ellos, y no montadas para que se luzcan.
En lo que he venido viendo y oyendo, de entrevistas o preguntas que se les hacen, me parece que les falta malicia política, sagacidad de respuesta, ingenio, perspicacia y capacidad de respuesta en el mensaje con el que se pretende enamorar al votante.
Los candidatos se dejan engatusar por los datos de encuestas que los distraen de su objetivo principal, que algunos los desaniman, como a otros los entusiasman, pero no dejar de ser flor de un día, aunque vayan marcando senderos. En materia de encuestas hay que recordar que una encuesta mata a otra encuesta. Los datos son problemas de las encuestas que se manejen y se operen. A propósito de encuestas, ¿cómo es posible que la encuesta de la Universidad de Costa Rica, no mencione del todo, no lo tome en cuenta ni como candidato ni como partido político, al profesor universitario, Claudio Alpízar? ¿Una falla estructural o intencional? ¿Qué le pasó al respetable Ronald Alfaro? Una anécdota. Era yo candidato en 1997 por el Partido Fuerza Democrática. Era el mes de diciembre. Teníamos el local a la par de Piza Hut en el Paseo Colón. Salimos a comernos una piza al mediodía. En ese momento en la esquina había un grupo de jóvenes entrevistando a las personas sobre sus intenciones de voto Me preguntaron por quien votaría. Dije: “por Vladimir de la Cruz”. No me encontraron en la lista que traían. Me preguntaron sobre el partido. Dije: “Fuerza Democrática”. Tampoco encontraron en la lista al Partido. Me colocaron en “otros”. Pregunté quien estaba a cargo de ellos en ese momento. Me dirigieron a un “profesor”, funcionario en ese momento del grupo que estaba encuestando. Le reclamé sobre el vacío que tenían, siendo yo Profesor Universitario, que por lo menos por cortesía debían haberme metido en la encuesta. El “funcionario” se medio disculpó, era un encargado de ir a recoger datos. El no había elaborado el cuestionario, me dijo. En esas elecciones al margen de esas encuestas, en a condición de “otros”, logramos elegir tres diputados.
El votante, del costarricense elector, requiere mensajes directos, claros, que se identifiquen con sus principales problemas y con el mensaje que les produzca atractivo y confianza en la posibilidad de que sus problemas se le pueden atender y ojalá resolver.
Como ejercicio académico valdría la pena que se hicieran, o impulsaran, tesis de graduación enfocadas en los Programas Políticos de Gobierno, que han presentado los partidos políticos en las últimas elecciones desde el 2010, 2014, 2018 y 2022, que han permitido el ejercicio de gobierno de los partidos Liberación Nacional, Acción Ciudadana y Progreso Social Democrático, para valorar cuánto de lo propuesto como Programa Político de Gobierno se realizó. De paso, para valorar también de esos programas cuánto están relacionados con los problemas principales del país y las posibles soluciones que todos los partidos, en esas elecciones, presentaron. Puede ser que, como programas obligados de los partidos, se sigan calcando…
Vladimir de la Cruz
Historiador



























