Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 24 Marzo, 2011


Si el nuevo Estadio Nacional el Gobierno de China se lo hubiera regalado al gobierno de don Abel Pacheco, por ejemplo, serían minoría o quizá ni existirían los que estarían deseando que los eventos que le van a dar realce a su inauguración resulten un fracaso.
Pero, como fue Oscar Arias el que consiguió la donación, unos politizaron el asunto; otros siguen cegados por su odio al ex gobernante; otros todavía no han aceptado que hubo un referendo por el TLC en el que ganó el SI, aunque Tano votó por el NO y aunque hayan sido en un corto pasado varios de ellos comunistas e idealistas en bancarrota, hoy rezan para que miles de automovilistas destruyan los mojones que instaló el ICODER y conviertan a la Sabana en el inmenso parqueo que ellos, los enemigos del estadio, proyectaron.

¡Qué pobreza de espíritu estar en contra de esta fiesta nacional en la que se involucró toda Costa Rica!
¡Enanos de mente y de espíritu, quienes aferrados como garrapatas al anonimato en las redes sociales, piden chiflar al gobernante que escuchando consejos de sus asesores deportivos se atrevió, visionario como lo ha sido siempre, a solicitar la donación!
Ahí está el nuevo Estadio Nacional.
La joya; el coloso; el monstruo; es una realidad.
Aquel maestro que llegó a decir que para qué construyeron este mamotreto para uso de esgrimistas y ajedrecistas, qué dirá; qué pensará, qué sentirá, tras palpar el entusiasmo de toda una nación volcada y entregada a la adrenalina de la ceremonia inaugural.
Y, la locura por Messi.
Miles de miles de miles de niños y adolescentes, esperan ilusionados y ansiosos el día del partido contra Argentina, repleta de estrellas, para ir con sus familiares a ver jugar al mejor de mundo.
¿Cuántos niños y jóvenes, después de admirar al mejor futbolista del planeta, saldrán del Estadio Nacional dispuestos entregarse a la práctica de algún deporte y cuando grandes, ser iguales que Leo?
¿No es esto ganancia?
¿No es esto salud?
Así es la cosa; mientras una multitud vibra de entusiasmo y emoción ante la inauguración del coloso; una minoría desea en lo más profundo de su alma, si es que tiene, que todo fracase; que la capital colapse; que la Sabana se inunde de autos y basura, y que se pinten grafitos en las paredes y baños del coloso, para decir “orgullosos”.
¡Ganamos; se los habíamos advertido!

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