Ahora que estamos en el último cuarto de 2026, miro con nostalgia hacia el pasado y repaso todo ese mundo de tecnología que se nos vino encima. Hace veinte años el teléfono de la casa estaba en la sala y la factura llegaba en papel. La televisión por cable ya se había ganado un lugar en muchos hogares y era la gran fuente de entretenimiento, con decenas de canales, películas, deportes y series que antes no llegaban al país. El celular servía para llamar y, con paciencia, para mandar mensajes de texto. Muchos todavía nos conectábamos a internet por dial-up: primero el tono, después aquel chillido metálico que todos reconocíamos y al final una conexión que, en el mejor de los casos, llegaba a 56 kbps. Mientras uno navegaba, nadie en la casa podía usar el teléfono.