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Sábado 15 Noviembre, 2014

En la hidroponía he encontrado la mejor terapia.Me siento como un niño al que le dan un nuevo juguete


La hidroponía como terapia

Las medicinas no son necesariamente pastillas o inyecciones. Tampoco ingresos al quirófano para aliviar una enfermedad o padecimiento. Esta es mi historia y seguramente la de otra gente que, en determinado momento de su vida, ha tenido un quebranto en su salud.
Hace cerca de un año estando en mi casa comencé a sentir un dolor muy fuerte en mi pecho. Mi familia me trasladó de emergencia al Hospital de Heredia donde después de varias horas se me diagnosticó cardiopatía isquémica; es decir, un infarto. Esto condujo a mi internamiento por varios días en ese centro hospitalario.
Pasaron diez meses y vinieron dos nuevos infartos seguidos, con 15 días de separación. Me volvieron a internar en el Hospital para prepararme para el siguiente paso: una visita al quirófano del Hospital México para que me realizaran un cateterismo. En mis arterias coronarias implantaron tres “stend” (cánulas).
La labor en el quirófano no fue dolorosa, aunque me mantuvieron despierto. La recuperación en el hospital sí lo fue.
Siempre he sido miedoso de todo lo relacionado con hospitales, clínicas y doctores. Me dijeron que debo hacerme un segundo cateterismo y lo he venido postergado, buscando formas de evitarlo. Quisiera lograr la sanidad de una manera más noble.
En esa búsqueda visité Zarcero, y en la finca de don Joel Alfaro pude observar una actividad muy hermosa: el cultivo de lechugas, apio, culantro y cebollino en tubos de PVC. Un proyecto agrícola con un desarrollo excepcional.
Y, aunque soy ingeniero agrónomo, nunca había tenido la oportunidad, en la Academia o en el ejercicio de mi profesión, de conocer de esta metodología conocida como hidroponía.
Con la asesoría de un conocedor de la materia, Gabriel Rodríguez, y mi entusiasmo, decidí utilizar parte del jardín de mi casa e iniciar un pequeño proyecto de hidroponía.
He aprendido muchas cosas para mejorar en próximo ciclo de siembra y mi familia se ha involucrado en el proceso pintando, sembrando, realizando las labores de mercadeo y hasta seleccionando el nombre para nuestra pequeña empresa: PROCAZ.
Nos han visitado amigos, familiares e interesados en conocer de este método.
Las huertas familiares permiten abastecer un mercado en crecimiento en nuestros barrios y comunidades y estamos también mejorando la nutrición de nuestros hogares.
En nuestro proyecto no aplicamos ningún pesticida. La higiene de los productos es total y quien los consume estará seguro de consumir algo completamente saludable.
Observar el crecimiento y desarrollo de las plantas y la ejecución de las diferentes actividades de cada día han sido una medicina para mi salud física y mental, al igual que para mi familia.
En la hidroponía he encontrado la mejor terapia.
Me siento como un niño al que le dan un nuevo juguete. A mis 71 años he podido desarrollarme no solo como ingeniero agrónomo sino como persona.
De nuevo pienso en las huertas caseras de los años 50, 60, 70 y 80 a través de los clubes 4-S que patrocinaba el MAG en los años dorados de Extensión Agrícola.
Las puertas de mi casa están abiertas para quienes deseen conocer de esta actividad.

Carlos Alberto Víquez Ugalde

Ingeniero agrónomo