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Una cantidad considerable de costarricenses no va a las urnas en las elecciones, como una forma de manifestar su disgusto con una clase política que ya en el poder no gobierna atendiendo sus necesidades prioritarias


La elocuencia del silencio

El grado de abstencionismo electoral que se mantiene en el país es, de algún modo, una manifestación de inconformidad con lo que se le ofrece al ciudadano desde la vitrina política. Es un silencio elocuente.
Dicha vitrina se esfuerza por mostrar su “producto” del modo más atractivo posible y promete hacer una lista de cosas para mejorar el país y la vida de sus habitantes. Pero estos ya saben que salvo algunas acciones puntuales, producto a veces de las ocurrencias, se trata de un engaño, de un espejismo.
Así, una cantidad considerable de costarricenses no va a las urnas el día de las elecciones presidenciales como una forma de evidenciar que el asunto, por importante que parezca, no les interesa porque de todos modos quien alcance el poder no tomará en cuenta sus necesidades prioritarias al gobernar.
El, o ella siguen sufriendo la inseguridad en sus casas y en las calles, no ven las mejoras que necesitan en el sistema de sanidad, tienen como mínimo incertidumbre sobre la calidad de la educación que reciben sus hijos cuando se trata de padres de familia, sienten la amenaza de ver crecer un déficit en las finanzas públicas mientras que el Estado no es capaz de satisfacer con eficiencia sus necesidades, entre otras causas de desencanto y frustración hacia la clase política.
Sin embargo, los partidos políticos no parecieran querer enfrentar esta realidad, originada en el deterioro a lo interno de sus organizaciones, que olvidaron la verdadera misión de la acción política genuina.
El esfuerzo de los partidos se centra, en las últimas décadas, en conseguir votos para tomar el poder y ejercerlo después mediante un grupo de acciones que pueden ser buenas y beneficiar a algunos pero no solucionan los verdaderos problemas básicos de los costarricenses.
Como lo hemos dicho ya en otras ocasiones en este espacio, se necesitan líderes dispuestos a estudiar esos problemas a lo interno de sus partidos y encontrar caminos viables para emprender acciones concretas que lleven a las soluciones.
Solo esto, y el trabajo cotidiano después, para cumplir con la tarea sin desvíos ni concesiones ante las diferentes presiones, puede despertar el entusiasmo necesario no solo para que el costarricense deje de lado el abstencionismo sino para que se involucre en la acción política sana, trabaje y luche por llevar a su país ahí donde sus sueños lo quieran.

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