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Martes 11 Junio, 2013

El problema en el uso de la deuda política se da porque en la mayoría de los casos se utiliza, principalmente por los partidos políticos, para propaganda insulsa


La democracia es cara, pero es buena inversión

En muchas ocasiones la discusión relacionada con el dinero de la Deuda Política —contribución que el Estado les da a los partidos políticos— se concentra únicamente en la cantidad y no en los resultados que ese dinero debería representar para fortalecer la democracia, sistema político con defectos, pero sin duda el mejor.
El problema en el uso de estos recursos se da porque en la mayoría de los casos son utilizados, principalmente por los partidos políticos, para propaganda insulsa y dejan de lado la formación cívica, educación política y la información sobre los problemas nacionales y los planes de quienes compiten por adeptos y votos en las campañas electorales.
Costa Rica está urgida de invertir en democracia. Así lo demuestra el más reciente estudio de LAPOP (Proyecto de Opinión Pública de América Latina), que evidencia la disminución significativa en el aprecio del costarricense por su sistema, que tantos éxitos le ha permitido alcanzar y que viene en franca caída. Hoy tan solo un 55% de costarricenses aprecia la democracia. Históricamente el país había estado alternándose entre los tres primeros lugares de América Latina con Uruguay y Chile, hoy somos el número diez del continente. Además, Costa Rica es el segundo país en pérdida de credibilidad sobre el sistema, solo superada por Honduras, con una diferencia, ese país tuvo recientemente un golpe de Estado.
Los costarricenses han perdido credibilidad en el sistema porque se acostumbraron a grandes logros en democracia, pero los últimos gobernantes nos tienen ayunos de victorias que evidencien las virtudes del sistema.
La deuda política tiene como objetivo primordial generar independencia económica de los partidos políticos y sus miembros con los intereses particulares del capital de los más poderosos, es una forma de democratizar y objetivar las decisiones.
El mayor problema del 0,19% del PIB asignado como deuda política está en que el TSE no ha tenido ni la capacidad, ni la vocación, para facilitar la ejecución de más y mejores recursos para la educación cívica y la formación de los miembros de los partidos y los ciudadanos sobre la virtudes del sistema democrático. Algo que es imperioso y reclamado por quienes dirigen los partidos políticos, a sabiendas de que la operatividad de esos recursos es más que complicada.
La pérdida del aprecio del costarricense por la democracia hace imperativo un cambio de paradigma sobre lo que debe ser la inversión en política y democracia. Sé debe sacar el debate “del debe y el haber” economicista para llevarlo “al deber y al hacer” político que obliga y compromete al ciudadano con su país, para que así conciba que sus calidades de ciudadano van más allá de ser mayor de edad y de haber nacido en esta tierra.
Estamos obligados a seguir invirtiendo en un sistema que demuestre con resultados que es la mejor alternativa para el desarrollo integral de la sociedad y de las personas.
Esta inversión debe ser respaldada por la gestión y el éxito de quienes gobiernan, que mucha responsabilidad tienen en la pérdida de credibilidad en la democracia, la cual debemos recuperar por una doble vía: educación política para los gobernados y gestión política de los gobernantes.

Claudio Alpízar Otoya

Politólogo